A la sombra de Tanit

Si oigo el nombre de Antoni Marí, escucho detrás el Winterreise de Schubert y con esto debería estar todo dicho. Entonces, ¿dónde quedaría Ibiza, tan presente como tapiz en Han vingut quatre amics o Els quatre cantons? De entrada, hay que decir que la isla dio a la poesía catalana de la segunda mitad del siglo XX tres nombres clave: uno fue el músico Pau Riba que por su abuelo Carles Riba no tuvo que moverse de casa para sentir el misterio poético y dárselo a sus canciones, aunque Electroccid Àccid Alquimístic Xoc, su mejor álbum, nunca hubiera existido como tal sin los largos días ibicencos del joven Riba. Sin el sol, las savinas, el pescado seco, las pitas, el mar y una casa norteafricana sin luz ni agua corriente.

El segundo nombre es Francesc Parcerisas, para mí el mejor poeta catalán contemporáneo. Han leído bien. Sin Parcerisas –que también vivió en Ibiza, donde nace su Latitud dels cavalls– habríamos sido mucho menos de lo que somos y no sólo poéticamente: él ha sabido interpretar mejor que nadie la sentimentalidad de nuestra época. Y paro porque es Antoni Marí, el único ibicenco de nacimiento de los tres, quien ha muerto esta semana. Pero es entre estos tres nombres donde está la mejor poesía catalana que dio nuestro tiempo, la diosa Tanit al fondo. Y este fue el origen del arte de Marí y aquí retomo el título Han vingut els amics…; luego, cada cual fue por su lado.

O sea que vuelvo al Winterreise de Schubert y sigo con nombres mayores. Si digo que Antoni Marí ha sido nuestro Goethe, ustedes se llevarán las manos a la cabeza, pero ya haré que las bajen. En Marí se da el poeta que escribe, el poeta que piensa y el poeta que cuenta (las tres cosas de forma impecable). O sea, el poeta en sentido estricto, el ensayista y el narrador. Con una austeridad nada goethiana –hablo de la persona (y es Ibiza quien da a Marí esa austeridad)– y en cambio sí con su espíritu, incluso con su solemnidad –y hablo de la obra–. Antoni Marí sería el poeta total y sólo impiden que me deje llevar dos cosas: la primera que no me gusta la exageración y aquí está empezando a parecer lo contrario; la segunda que el corpus y la ambición de Marí no son goethianos, sino propios y sin embargo ahí están su antología del Romanticismo El entusiasmo y la quietud, sus lecciones de Estética, sus conferencias de La voluntad expresiva y su labor de agrupación de la poesía española en la colección de Tusquets, Nuevos Textos Sagrados. Un Weimar a escala.

Continúa sonando mientras escribo esto el Winterreise y Schubert evoca la trilogía poética de Marí y su mayor ambición formal: El Preludi, El viatge d’hivern y El desert, un ciclo sólo comparable, superándolo, al Riba de Les elegies de Bierville. Aquí está el poeta de la madurez que aún respira juventud, aunque no necesite evocarla. Será años después de haber conseguido esa obra mayor, cuando regresará a la Ibiza de su juventud y lo hará al modo de Eliot: de La canción de J. Alfred Prufrock a Los cuatro cuartetos. Es decir, de Han vingut uns amics a Els quatre Cantons, una verdadera delicia de plenitud, esa plenitud desde donde asoma la despedida y un regreso al origen literario en prosa: los asuntos que trata en su libro El vas de plata a través de ‘la memoria moral’ puesta en boca de Pla y tan presente también en Els quatre cantons. En cuanto a su novela El camí de Vincennes, siempre he creído que fue su forma de saldar una deuda con el Siglo de las Luces o la caída de Saulo camino de Damasco.

Y ahora un apunte personal y otro nacional. 1) Él presentó mi segunda novela, La cámara de ámbar, en Barcelona y lo hizo a la sombra de unos relatos de Henry James. Lo que leyó aquella tarde en La Central fue una impecable pieza de relojería literaria y yo me quedé con James. El mismo Henry James que le había hecho escribir lo que un poeta debe tener siempre presente: ‘La palabra del poema sabe sus límites y es desde ese saber desde donde acontece la infinitud del sentido y la infinitud de su nada’. Y 2) De la mano de Abel Matutes le fue concedida la Orden del Mérito Civil. Ibiza o Ibiza, sí, porque en Mallorca no ocurren estas cosas y si pasaran, probablemente no se concederían tan justamente –hablo de justicia literaria– como en el caso de Antoni Marí, poeta, que no pidió nada, ni se hizo luego el desganado, estas especialidades tan nuestras. La sombra de Tanit no llega hasta aquí.

Suscríbete para seguir leyendo


© Diario de Ibiza