Pequeño Maracaná
Patio de un colegio. / Pexels
La ceremonia con la que se suele poner fin a un pedazo de historia suele ser inversamente proporcional a la importancia de éste. El fin de la URSS o la pérdida de Cuba se despachó seguramente con algún decreto ecónomo en palabras en un boletín oficial. Corresponde entonces a aquellos que vivieron aquello mantener vivo el recuerdo. La memoria es una flor frágil que se marchita cuando no la miramos, y que siempre parece dispuesta a morir. Cuento esto porque el otro día recibí un comunicado por WhatsApp de la dirección de mi antiguo colegio, diciendo que cerraban sus puertas después de 61 años. Precisamente en mi artículo anterior hablaba del patio de esa escuelita, un chalé (“torre”, se dice en Cataluña) del barrio de San Gervasio de Barcelona, ahora a la venta por un dineral. Era un centro que se decía inglés, pues su fundadora y directora, Mrs.B, lo era. Ingresé en 1984. El zaguán de la entrada era muy luminoso, con un suelo de losa hidráulica típica de Barcelona. A mano izquierda estaba el despacho de Mrs.B. Tenía un aire colonial, como de gobernadora de Nassau. Esas reminiscencias........
