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El callejón

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28.02.2026

Ni siquiera tiene nombre oficial. Es un callejón. Así, a secas, un callejón de toda la vida, un rincón de malear, insultar, consumir y trapichear, de mear en pared y pisar cristales rotos. Otro punto ciego. Otro pequeño agujero negro donde los últimos del pelotón hacen cosas. Sus cosas. El callejón. Hay muchos en cada ciudad, aliviaderos de la sociedad urbanita. Porque en el campo no hay callejones. Qué idea tan absurda, ¿verdad? Un callejón entre árboles, maleza y caminos de tierra. No. Solo existen en las ciudades.

Este callejón en concreto se encuentra entre la avenida Ignasi Wallis y la calle Madrid. Más céntrico, imposible. Y no es un rincón cualquiera, es la puerta de entrada al Registro de la Propiedad y al Registro Mercantil de Ibiza. Casi nada. Un agujero que da acceso a un laberinto. Te coge el concepto Julio Cortázar y se casca un libro de chorrocientas páginas. Pero la literatura no tiene cabida en el callejón, salvo que hablemos de realismo sucio, de un Bukowski a la ibicenca poniendo la oreja a ver qué caza para su próximo relato de lumpen y excesos.

Como respuesta a las quejas vecinales por toda la infamia que se desplegaba en el callejón, el Ayuntamiento decidió poner una enclenque valla de alambre verde que bloqueaba el acceso desde el parking adyacente. Es lo mismo que hacen los niños cuando ven algo que les aterra y cierran los ojos muy fuerte, muy fuerte, convencidos de que así se esfumará la fuente de su miedo. Un mes después, alguien había tirado la valla abajo. Los sospechosos habituales volvieron al callejón.

Todos lo hacemos, en realidad. Poner tiritas a los callejones que a veces horadan nuestro interior. Una vallita y aquí no ha pasado nada. Pero lo que mora en la oscuridad es resistente, flexible, se adapta a las circunstancias y espera paciente su momento para aflorar de nuevo. Nadie ha retirado la valla verde. El fiasco está a la vista de todos, como un recordatorio de que los parches no funcionan. Quizá esa era la enseñanza en diferido que quería difundir el Ayuntamiento. A saber. Me creo cualquier cosa que ocurra en un callejón.

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