Los Goya y la búsqueda interior

Me prometo ver todas las pelis de los Goya. Al menos las que han ganado algo. Ya sé que voy con retraso, pero es que ya me lo propuse antes de la ceremonia de entrega y al final solo vi ‘Sirat’, y eso que me daba una pereza horrible. Me lo impuse casi como una obligación y resultó. Me gustó bastante. Me recordó a algunos clásicos de viajes a ninguna parte y, concretamente, a ‘El salario del miedo’. Sé que el argumento no tiene nada que ver, pero sí esa sensación terrible de que el objetivo del viaje se va destruyendo por el camino.

Me pongo a buscarlas por una plataforma y tras darle muchas vueltas acabo seleccionando ‘Al rojo vivo’, el clasicazo de Raoul Walsh, con James Cagney, de los 40.

Me pasa a menudo, pienso en que tengo que ponerme al día con algunas cosas y al final acabo cayendo en lo de siempre, en lo que controlo, lo que tengo en el cajón de los indispensables, lo que ya conozco.

Ejemplos. Las últimas series que he visto son ‘Los Soprano’, otra vez; ‘Friends’, otra vez -que en algunas cosas no está envejeciendo muy bien-, o ‘Band of Brothers’, otra vez también.

Mis últimos chapuzones en las novedades del rock and roll han acabado con Blink-182 y pegando saltos por la casa con el primer disco de Suzi Quatro, que tiene una de las mejores portadas de la historia de la música popular, todo hay que decirlo. Aunque en esto sí estoy más puesto y últimamente flipo con Bala, Parquesvr o el ‘Lágrimas de plomo fundido’ de Los Estanques.

Y después de hacerme una lista de escritores actuales que no me podían fallar acabé metiéndome entre pecho y espalda cuatro novelas seguidas de Miguel Delibes y ‘Fortunata y Jacinta’, en este caso libro y serie del tirón.

No es que tenga aversión a lo nuevo, o a lo desconocido, o eso creo. Es como una vuelta a casa o, si nos ponemos filosóficos, si la búsqueda acabara siendo siempre una búsqueda interior. Venga va, voy a ver ‘Los domingos’, o no, no prometo nada.

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