Otra mudanza a ninguna casa |
Empieza otro mes que terminará con el desalojo de un asentamiento ilegal en Ibiza. En los dos años que cumplí hace poco en es Diari, he hablado en varias ocasiones con sus residentes. Recuerdo los días después del desalojo de Can Rova, en agosto de 2024, cuando quienes acumulaban sus pertenencias en medio de ninguna parte y en el centro de todo, se acercaban a los juzgados para conocer la situación de los familiares que resultaron detenidos.
Recuerdo con frecuencia a Ana Loaiza Arias, la joven que pagaba 600 euros al mes por vivir en el camarote de un barco con su hermana. Recuerdo todo lo que pensé mientras me contaba las condiciones en las que vivían: se duchaban por la noche entre palés y chabolas en las que residían más de 50 familias. Ella contaba que había venido en busca del «sueño de Ibiza», que definía como la posibilidad de conseguir en pocos meses el sueldo que en otro lugar le costaría un año de trabajo.
«¿Compensa?» no le pregunté a ella, pero sí al residente del asentamiento que hay entre el estadio de fútbol de la UD Ibiza y la EI-20. El que se desalojará el 29 de abril a las 10.30 de la mañana. Respondió con convicción que «sí», a pesar de afirmar que él y las cerca de 80 personas que se calcula que viven allí lo hacían «como esclavos».
Defendía que compensa porque así no tenía que pagar «700 u 800 euros por una habitación». Prefería su autocaravana en medio de un terreno del que sabía que le iban a echar. Vivir rodeado de bolsas de basura llenas y olor a orina. Lo prefería porque decía que era la única forma de vivir «libre» donde sabía que su mano de obra era necesaria.
No estaba preocupado porque le fueran a sacar de ahí, pero insistía en que no era un problema aislado. El censo que presentó Cruz Roja el noviembre pasado apuntaba a 1.200 personas que vivían así durante la temporada. Se ha asumido la dinámica errónea de que si no se puede vivir en un terreno, se pasa a otro. Él mismo me lo confesó: ya tenía fichado el siguiente lugar. Quizá incluso ya se haya mudado... ¿Compensa?
Quizá esa no sea la pregunta.
Suscríbete para seguir leyendo