La guerra de Irán remueve el petróleo y anima al caos |
Unos niños juegan alrededor de un misil iraní sin explotar caído en las afueras de Qamishli, en el este de Siria, este jueves. / DELIL SOULEIMAN / AFP
El precio del petróleo tiende a subir y preocupa a los mercados. Refinerías indias se están apresurando a comprar petróleo ruso mientras la guerra en Irán interrumpe el suministro en Oriente Próximo. El freno a los fletes petroleros está causando una reordenación del tráfico del crudo. China e India se han visto obligadas a modificar sus estrategias de compra y priorizar sus reservas. Así, por ejemplo, los refinadores indios están comprando millones de barriles de crudo ruso de manera inmediata para compensar las interrupciones en el suministro causadas por el conflicto en Irán.
Fuentes del mercado indican que refinadores estatales, incluyendo Indian Oil Corp, Bharat Petroleum Corp, Hindustan Petroleum Corp y Mangalore Refinery, están negociando cargas, con aproximadamente 20 millones de barriles ya comprados. La India depende de Oriente Próximo para cerca del 40% de sus importaciones de crudo a través del estrecho de Ormuz. La calidad Urals ruso ahora se vende a la India con una prima de entre cuatro y cinco dólares más que el Brent, de referencia en Europa, en comparación con un descuento de 13 dólares antes de la guerra.
Rusia, la gran beneficiada por la guerra de Irán
Como resultado, Rusia es una de las grandes beneficiadas por la guerra en Irán. El presupuesto del Kremlin estaba necesitado de una inyección de ingresos para sufragar su propia guerra en Ucrania. Según informa AP, los precios del petróleo de exportación ruso han subido desde menos de 40 dólares por barril en diciembre hasta alrededor de 62 dólares por barril —primero por el temor a la guerra y luego por la interrupción de casi todo el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz, el conducto por el que pasa cerca del 20% del consumo mundial de petróleo. Los futuros del petróleo llegan a 81 dólares. Los ingresos fiscales por petróleo y gas representan hasta el 30% del presupuesto federal ruso. Además, la paralización de la producción de gas natural licuado transportado por barco, o GNL, por parte de Qatar incrementará de forma marcada la competencia global por los cargamentos disponibles, incluidos los procedentes de Rusia. El tope de precios impuesto por Occidente y las sanciones contra las dos mayores petroleras rusas, Lukoil y Rosneft, puede quedar en agua de borrajas en un mercado necesitado de petróleo y capaz de asumir riesgos en forma de penalizaciones.
Asia, la gran amenazada por la carestía de petróleo
Asia absorbe entre el 84% y el 90% del crudo que cruza Ormuz y el 83% del GNL procedente de la misma vía. El impacto de la guerra de Irán recae especialmente sobre las economías asiáticas, altamente dependientes de este corredor marítimo. El estrecho de Ormuz solo ha registrado 40 tránsitos de buques desde el pasado domingo, de acuerdo con datos recogidos este jueves por la Lloyd´s Market Association (LMA), vinculada a la entidad bancaria. En condiciones normales pasarían unos 3.000 buques al mes. Pese a que el presidente de EEUU, Donald Trump, parece tomar decisiones impulsivas, lo cierto es que el resultado económico de la guerra tiende a poner más problemas a sus adversarios geopolíticos y a acelerar la actividad armamentística propia.
Trump sigue empeñado en comparar Irán y Venezuela
Comparar Venezuela con Irán es una tremenda memez en la que cae de manera recurrente Trump. La complejidad cultural de este gran país que es Irán, con más de 90 millones de habitantes, hace que el escenario del caos posbélico sea el más previsible en estos momentos. La pretensión de Trump de iniciar una guerra y pretender la victoria desde el aire, abre la puerta a un genocidio futuro al más puro estilo gaza pero multiplicado por mucho.
Gana el escenario del caos
No es posible determinar en estos momentos que las informaciones que llegan de los contendientes se ajusten al 100% a la verdad. El mensaje iraní que asegura que dispone todavía de misiles supersónicos de largo alcance dispuestos a atacar más allá y más cerca que nunca de Europa es intimidante pero dudoso. Pero sí convence la idea de que a EEUU le importe un ardite lo que pase con Irán siempre que no amenace a Israel. Y mientras las balas perdidas tienen forma de dron y poder de martillo de Tor queda por saber el desastre medioambiental que se suma al drama humano. Conocer qué pasa con esos océanos que sirven de sepultura a buques hundidos. Es de esperar que dentro de unos decenios hablar de mar tropical no signifique describir también cementerios de contaminación y podredumbre en el Índico, hasta en paraísos hundidos como Maldivas.
Entre ayatolás y 'tocapirolas', ser naíf podría ser la condecoración honorífica más prestigiosa de cualquiera. Pero toca tener al frente de la gran potencia militar del mundo a un gobernante extraño, distante, de integridad cuestionada y pocos argumentos tras sus actos que denoten merecer un ápice de confianza ajena. Ante esta coyuntura, el inversor en zapatillas no parece que tenga buenas perspectivas para las ganancias. En cambio, sí es posible que grandes inversores institucionales encuentren todavía buenas oportunidades para transformar pérdidas en beneficios y aprovechar para tomar posiciones allí donde otros no ven más que riesgos palpables. Como es normal en periodos bélicos y de incertidumbre, cualquier previsión más allá de que la inflación subirá está desprovista de argumentos de peso.