Crisis sobre crisis para quien vive asfixiado por la vivienda
Vivimos tiempos convulsos en los que la incertidumbre se ha instalado en nuestras vidas. Desde que el covid arrasó el mundo como un tsunami y nos puso frente a nuestra vulnerabilidad extrema, asistimos a un desfile de jinetes del apocalipsis, uno tras otro, sin tregua. Ahora llega la guerra desatada por un millonario lunático y narcisista y un psicópata, ambos pendientes de elecciones que determinarán su futuro (y el del mundo), y ambos defensores de un imperialismo autoritario que es como una apisonadora sobre los derechos humanos. Guerra en el avispero de Oriente Medio, una catástrofe humana y económica de alcance mundial. No han pasado ni tres semanas desde los primeros ataques de EEUU e Israel a Irán y sus consecuencias ya han puesto contra las cuerdas a sectores clave de la economía, los más dependientes de los combustibles y sus derivados. Con razón, exigen ayudas que les permitan sobrellevar la subida de precios, que se espera que aún se disparará más. La espiral inflacionista no ha hecho nada más que empezar. Transportistas, agricultores, pescadores, autoescuelas... Sectores que están organizados en patronales y asociaciones y pueden hacer oír su voz. Pero ¿quién habla por los miles y miles de personas asfixiadas y angustiadas porque la vivienda les come gran parte de sus ingresos o ni siquiera pueden pagarla? Son muchísimas, y lo sabemos, en Ibiza, Formentera y todo el país. La vivienda se ha convertido en el principal problema de España, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), sin embargo los partidos políticos, enfrascados en una lucha encarnizada sin cuartel, no son capaces de articular un frente común para abordar este asunto que es una bomba de relojería social. Todo se está encareciendo de un día a otro. Sin duda, las administraciones deben sostener a los sectores económicos, pero no se pueden olvidar de las personas y familias que viven al límite por alquileres disparatados. Impedir a los propietarios subidas desorbitadas de las rentas debería ser una de las principales medidas para impedir que la guerra en el Golfo se lleve por delante a numerosas personas que ya están al borde de la ruina. O en la ruina.
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