8M, nada que celebrar, mucho que denunciar

Falta una semana exacta para el Día de la Mujer (el 8M), que sirve para recordar todo lo que nos falta para conseguir la igualdad real. Ya existe sobre el papel, lo que es bastante, viendo cómo está el mundo, y si recordamos de dónde venimos, pero no es en absoluto suficiente. Estos días, la desclasificación de los papeles del fallido golpe de Estado de 1981 nos trae la imagen de aquella España en blanco y negro que se intentaba subir al tren de las democracias europeas, después de 40 años de dictadura, ostracismo y estancamiento, y en la que los reaccionarios conspiraban por mantener al país en la caverna. Las grabaciones de televisión nos resultan ahora chocantes: en el Congreso apenas había mujeres. La ausencia de mujeres era pasmosa en todos los ámbitos, no solo en el de la política.

A lo largo de estos 45 años hemos avanzado mucho, sin duda, también gracias a leyes que han forzado esa mayor presencia femenina, como las que obligan a aumentar la proporción de mujeres en los puestos de salida de las listas electorales, por ejemplo. Pero la violencia machista sigue siendo una losa que sufrimos a diario, y que además las víctimas padecen, en su inmensa mayoría, en silencio. Es muy poco habitual que una mujer se atreva a denunciar y a meterse en la jungla de un proceso legal, en el que invariablemente la van a cuestionar y culpabilizar hasta destrozar aún más su vida si cabe; incluso se difunden sus datos personales para mayor escarnio público. Hay que pensárselo mucho, desde luego, en vista de lo que suele ocurrir.

Los agresores tienen en común que son hombres, y las víctimas, que son mujeres. Es el único perfil que hay. Da igual la procedencia, el nivel económico, académico, cultural, su estatus... ellos las matan, las violan, las pegan porque pueden. Y porque creen que pueden hacerlo, consideran que es su derecho. Cada día hay noticias que nos recuerdan esta terrible realidad: las violaciones, agresiones sexuales, acoso, violencia de género, se producen en todos los ámbitos, desde la política a la propia Policía. El 8M debe servir para recordar todo esto y ser una fecha de reivindicación y lucha conjunta, de hombres y mujeres. No es un día para felicitar a nadie, sino para mirar a nuestro alrededor y reflexionar sobre todo lo que no debemos tolerar.

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