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La desconfianza sobre el futuro senador de Formentera

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14.02.2026

Atónito, perplejo y escéptico. Así me siento tras haber asistido al pleno del Congreso de los Diputados en el que se aprobó, por mayoría simple, la toma en consideración de la reforma constitucional para que Formentera tenga un senador propio en la Cámara Alta. Cuando todo el mundo esperaba que el resultado fuera de una amplia mayoría a favor, teniendo en cuenta que Vox votaba en contra, tal y como lo hizo en el Parlamento balear, el PP se abstuvo.

La cara de los representantes del gobierno del Consell de Formentera de Sa Unió (coalición de Compromís y PP), también de los consellers de GxF y PSOE presentes así como del senador por las Pitiusas, era una mezcla de satisfacción porque, por primera vez, se abordaba esta cuestión en la casa de todos y de decepción por las dudas sembradas por parte del diputado ibicenco del PP. Ese momento se hizo evidente cuando José Vicente Marí Bosó dejó la duda suspendida en el aire sobre si su partido apoyaría o no la toma en consideración a debate, lo que finalmente se plasmó en la abstención de su partido.

La cuestión es por qué el PP, que ha dado su apoyo en el Parlamento balear, se abstiene en Madrid. La respuesta es simple: el PP no se fía del PSOE. Teme que la susodicha reforma de la Carta Magna sea un coladero para otras modificaciones que nada tienen que ver con Formentera y prefiere mantener las distancias. Es pura desconfianza institucional. Lo mismo hizo en la anterior reforma del artículo 49, referente a las personas con discapacidades, circunscribiéndolo solo a esta cuestión.

Mientras escuchaba atento, a mi lado una señora, Juani, me preguntaba constantemente cómo funcionaba lo que estaba viendo. Intenté tirar de educación y paciencia y creo que conseguí que entendiera algo de lo que estábamos viendo y escuchando. Su mayor preocupación era reconocer a algún político famoso, aunque para ella «todos son iguales». Eso me hizo reflexionar sobre lo lejanos que están nuestros políticos de la realidad de la calle. Juani se mostraba interesada y a la vez indignada por la falta de educación de sus señorías, ya que hacían caso omiso, hablando entre ellos, al orador de turno, lo que provocaba un murmullo constante que si uno no tiene el oído fino tapa lo esencial de lo que se dice desde el estrado. Juani me lanzaba preguntas con dardo: «¿Y esta gente cobra por hablar entre ellos?». «Entran y salen todo el rato, no escuchan», seguía. «¿Y ese señor que firma allí (un secretario de la Mesa del Congreso) lee todo lo que firma, no tiene otro momento?». A Juani no le falta razón y me dejó una reflexión sobre lo lejos que están los políticos de la calle. Mi vecina de asiento intentó entender lo que le pasaba a Formentera y espero que terminara entendiéndolo. Lo que me quedó claro es que no estaba nada convencida del trabajo real de sus señorías.

Volviendo al senador de Formentera, los grupos políticos presentarán ahora enmiendas al texto buscando el consenso, eso dicen ellos, con el objetivo de matizar y blindar la reforma constitucional del artículo 69.3 de la Constitución.

Se trata simplemente de reconocer lo que de hecho es esta isla. Desde 2007 Formentera no depende administrativamente ni electoralmente de Ibiza en lo que se refiere a su representación en el Parlament balear, es una isla autónoma. Esta realidad no se refleja en la Constitución en lo que afecta a la representación territorial en el Senado, donde ‘Ibiza-Formentera’ son definidas como ‘agrupación de islas’. Lo que teme el PP es que en ese proceso de reforma se introduzcan modificaciones o se pongan barreras y la maquinaria de los partidos empiece a hacer cálculos electorales.

Algunos de los diputados que intervinieron pusieron como meta que para las próximas elecciones generales de 2027 los formenterenses podrían elegir su propio senador. Me temo, y ojalá me equivoque, que tenemos tema con el senador de Formentera para rato. Y es que a algunos partidos tocar la sacrosanta Constitución les produce sarpullido.

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