Nonadanadie

Cada vez que se veían hablaban de aquel cuadro. Rod lo custodiaba desde hacía algunos años y ahora Cata podía mirarlo a su antojo. Fue él quien lo rescató de un rincón del estudio de su amigo Francesco, casi a punto de destruirse. Volvieron a montarlo en un marco rudimentario, se lo llevó a su casa. Al dorso aparecía el verdadero título: El internacionalista, enero de 1989, 200 x 180, óleo sobre tela.  

Un cuadro que parecía salido de un cómic. Como parte de una antigua máquina de guerra soviética, en medio de una supuesta Siberia marina. Un mar siberiano lleno de muertos, sentenció Rod. Cata trató de entender lo que quería decir su novio, se puso en su lugar, algo comprendió. Rod tenía un defecto metafórico al hablar, le siguió la corriente.

Ella, sin embargo, lo veía como un Frankenstein, con una larga nariz de Pinocho en forma de cañón que apuntaba a través de una mirilla dibujada por dos diminutas Cubas. Se repetían las islas como balsas congeladas rumbo al Polo. A Rod le entusiasmaban las observaciones de Cata. Una cosa era esa figura descomunal sobre un lienzo y otra la realidad de esas Cubas al garete, aseguró él.

—La influencia ha sido devastadora, comentó ella.........

© Diario de Cuba