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Para arrebatar un pedazo de tiempo

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23.03.2026

La fotografía no es ya la sucedánea infalible de la memoria como algunos habían creído, ni siquiera el acomodo legítimo de una pasada realidad; la fotografía, aspirante infeliz de la persistencia, puede ser, no obstante, incentivo y resguardo ante las caídas de los absolutos y el acabado del mundo. La fotografía como término deja de ser, en rigor, para que la imagen impere y más que la imagen —foto/luz—, la visión que uno tiene de esa imagen y lo que esta representa para la testificación emotiva que, en intento fallido de deponer las influencias, se presenta y prolonga. Allí, en "La ruta de Patty Smith", de La foto de Rimbaud  de Raúl Leyva Pupo (Las Tunas, 1991), se admite: "Vestirse de Patty Smith es vestirse de Arthur Rimbaud, que es vestirse de Walt Whitman, pero es mejor vestirse con ropas ajenas que andar desnudos".

En principio, Leyva Pupo conserva el poema como situación o acontecimiento. El acontecer de un diálogo inserto en lo que podrá ser, cuando no en lo ya ha sido y se presta a una continuidad: "Quiénes van a construir la casa de troncos para el invierno del poeta, quiénes protegerán al poeta de las bestias cotidianas, entre las migraciones y el pan duro, levántate poema constrúyete a ti mismo entre el cedro y la acacia de las conversaciones, sirvamos un café junto al poema, a la sombra del poema, como a la sombra de las muchachas en flor".

Pero el sujeto lírico, sin temor a expectorar un poema-vida, apuesta —tal vez con toda intención— más bien por el poema bisagra en que la exterioridad del paisaje cotidiano o imaginario conversa en la distancia prudencial, nunca muy a lo lejos, con la subjetividad creadora que se solaza en el potencial, su potencial, asociante. Por ejemplo, en "Noches decapitadas" se lee: "Tú y yo estamos en la mitad de la noche, cual bandada de cuervos en New York, dígase cuervos para no decir café amargo en un bar turco, tú y yo estamos en la mitad de la noche, cuchillo en mano, poéticas con filo, para dividirlo todo, para rajarle la vida a las limitaciones".

Mientras que en "Lobos" interesa insertar a un poeta sin nombre, un poeta que pudiera representar a otros poetas en una nueva situación. Trátese asimismo, como en "Lobo" de conceptuar un personaje que es también su propio contexto: "Un lobo solitario es peligroso y un poeta solitario es peligroso, pero si el lobo solitario se une a la manada, rompiendo sus propios muros, sus propias lamentaciones, es un síntoma inequívoco, un signo del logos, se han reunido en la ciudad los hijos salvajes de Walt Whitman, un peligro que aúlla".

Mas los contextos son tan variables, si bien no desde ellos mismos, sino en virtud de las posibilidades de elección de los personajes, caso de las figuras perecederas en espaldas o en obras de arenas de "Trazado de figuras". No así cuando el sujeto lírico se arriesga en las ambivalencias metonímicas y elípticas. Retórica y construcción. Más construcción preconcebida o servida a propósito por la palabra apropiada para el viaje, para tantear las veces necesarias a salvarse de la realidad impuesta.

"Cuando escribimos la palabra camello, nos cortaron el agua y la luz, el poema se llenó de arena, la maldita circunstancia de la arena por todas partes, nos pusimos unas mochilas con raciones de pan y vino, y en silencio lo abandonamos todo, estaban abiertas las fronteras del poema y teníamos un camello".

Rimbaud, pivote del poemario, abriga cual confluencias un tiempo pasado que es presente o este último que se reafirma como fe de otra vida porque ser sedicioso y carnal, estar enfermo de juventud, es asunto humano como el individuo y su vida en grupo; como los riesgos de las palabras, los viajes y aventuras; como las imposiciones del silencio sobrecogedor, como la muerte siempre mirona por familiar, a la espera. ¿No es una foto como la del joven y bello Rimbaud inventario de todo esto y más?

Raúl Leyva Pupo, La foto de Rimbaud  (Ediciones La Luz, Holguín,  2025)


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