Cuba en el testimonio y el recuerdo

Ejercitar la memoria, volver al pasado, congelar las imágenes para hacer pervivir el tiempo pasado, este es uno de los objetivos de este libro, personal y singular, que apareció por primera vez en 2017, y vuelve ahora a presentarse en su segunda edición: Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria. Coincide esta publicación con los 65 años del exilio político de su autor, el poeta Felipe Lázaro (Güines, 1948), antólogo, narrador, fundador de revistas e importante impulsor de la cultura cubana a través de la editorial Betania, fundada en 1987.

Invisibles triángulos de muerte reúne 14 relatos y tiene que ver con el género narrativo, como se especifica en el título, pero en realidad se muestra a media distancia con otros géneros biográficos y documentales en los que el recuerdo ejerce su primacía. Ello lo constatan además los abundantes testimonios gráficos que rescatan el pasado mediante la presencia de las ruinas evocadoras de un tiempo que se fue.

En la misma intencionalidad se suman varios sugerentes epígrafes que evidencian la elaboración de un pensamiento que lo recorre, como el que se elige de Rosa Luxemburgo, "La libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido, no es libertad en absoluto". Contribuye también en la misma línea la muy significativa dedicatoria: "Dedico este libro a todas las víctimas del castrismo, en estos 66 años de dictadura totalitaria (1959-2025)", para pasar a enumerar por extenso a cuantos conoció y padecieron el presidio, la muerte o el exilio.

Esta posición del autor, delatora y defensora de un país en ruinas es asumida por todos estos paratextos, así como por las "Palabras iniciales" en las que afirma que reunir estos relatos es "una forma de rescatar la memoria de mi niñez en Cuba, precisamente en mi pueblo natal (Güines), ya que fueron, a su vez, los últimos años que residí en la Isla y que coincidieron con el final del batistato y los dos primeros años de la algarabía totalitaria". Para, a continuación, conceder que hay una mezcla de autobiografía y de ficción en esos textos, con personajes reales e inventados situados en los años de 1958 a 1960, "salvo los últimos dos relatos que imagino y sitúo muchos años más tarde". Es en este mismo momento cuando aclara su postura como autor: "este es un libro sin pretensiones literarias. Más bien, son textos testimoniales, de denuncia, que a lo sumo encierran una gran dosis de nostalgia". Desde luego que en los textos reunidos se impone el propósito testimonial que refuerza su postura y el juicio adverso a cuanto ha sucedido en su país desde 1959.

Para entender mejor su planteamiento es decisivo conocer su ensayo "Todos somos cubanos (Del asombro a la esperanza)" que fue publicado en los dos tomos del libro Voces para cerrar un siglo (Centro Internacional Olof Palme de Estocolmo, 1999)1.

En él Felipe Lázaro confiesa los tres momentos que marcaron su infancia: "la muerte de mi madre (1954), el triunfo de la revolución cubana (1959) y el inesperado camino del exilio que emprendió mi familia el 23 de agosto de 1960 vía Miami". Respecto al triunfo de la revolución explica con algún detalle que "el despertar la mañana del primero de enero me........

© Diario de Cuba