Izquierda sentida

20 de marzo 2026 - 03:08

Desde hace diez años, mi mundo es –en un alto porcentaje– un mundo infantil. Cosas que antes podían despertar interés o curiosidad (la serie del momento, el crimen del año, un dedo roto) pasan ante ti como proyecciones de un universo muy lejano. Y no les podría decir que mejor. Las imágenes del mundo flotante, no obstante, se las arreglan de tanto en tanto para hacerse presentes. Esta semana, por ejemplo, desde el mundo flotante se dejaron ver formas que anunciaban el fin del triunfo absoluto de la estética porno de las Kardashian para dar paso al modelo novia cadáver. El “nunca se está demasiado delgada, ni se es demasiado rico” de Wallis Simpson parecía haberse grabado a fuego en la noche de los Oscars.

“¿Antes veías las películas, lo recuerdas?”, me susurró la voz del mundo flotante, mientras repasaba los títulos de las competidoras como el que mastica corcho. Ahora, lo único que me interesa –lo confieso– son los vestiditos. Qué quieren. Recurriendo de nuevo a los clásicos, en este mundo podrido y sin ética, a la gente sensible sólo nos queda la estética.

Algo así debió pensar Yolanda Díaz, la artista anteriormente conocida como fashionaria, cuando decidió acudir a la gala justo en el fin de semana en el que su partido se desvanecía como polvo de estrellas en las elecciones de Castilla y León. Qué es un descalabro electoral más (debió pensar) cuando hay que aprovechar la turbo ocasión de pisar de lejos alfombra roja. LA alfombra roja. Que no parece que nos quede mucho en la Premier League de la política nacional y la ocasión la pintan calva porque, como bien sabemos, soy la ministra de Cultura. O como si lo fuera, que todo queda en la casa rosada.

Que Yolanda Díaz, que tanto hablaba y deslumbraba, ahora planee con perfil bajo, hace pensar que ya ha encontrado una vía de salida en la pista de despegue. Y que no va a estar ni para recoger las cenizas de lo que quede de su proyecto/plataforma. Sumar et al. (incluyo aquí a su archienemigo y doppelgänger, Podemos) van jibarizándose a cada nueva entrega de este ciclo electoral, sin que nadie parezca asumir esos fracasos como algo propio.

No extraña que el oropel sea fundamental para las confluencias et al. En la autoidentificada izquierda, la izquierda sentida, lo importante es que quede bonito, fluir, jugar a incordiar. No molestar.

Al parecer, nadie les dijo que dominar el relato no era lo mismo que dominar el tablero.

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