Nuestra última guerra contra EEUU

05 de abril 2026 - 03:08

La primavera de 1898 fue movida, el 22 de abril cientos de gaditanos recorrieron las calles de la ciudad detrás de un estandarte que llevaba pinchada la cabeza de un cochino que representaba a William Mackinley, presidente de los Estados Unidos. Se quemaron varias banderas y la ciudad se preparó para lo que creían un bombardeo inminente de una escuadra yanqui, el prior de los franciscanos ofreció el convento como refugio, se rezó a la Virgen del Rosario, fue derribado el faro del castillo de San Sebastián para no dar pistas a la flota y hasta se detuvo a unos ingleses despistados que se confundieron con espías. El pánico se desató en la costa andaluza porque se creyó que la flota enemiga iba a llegar a Tánger, hubo algecireños que se refugiaron en Ronda, y en Huelva se apresaron varios pesqueros por temor a que estuvieran enviando señales a los buques de las barras y la estrellas. España perdió Cuba y Filipinas, y Estados Unidos conquisto sus Galias, había nacido un imperio.

Trump amaga con abandonar la OTAN, que ha sido la expresión disuasoria de ese imperio contra su último contrincante en el continente, Rusia y su anterior versión soviética, y lo hace con una velada amenaza que ha sonado como una estruendosa carcajada en Moscú. “La OTAN es un tigre de papel, y Putin lo sabe”, ha declarado el mandatario norteamericano a The Telegraph. En Ucrania, Polonia y las repúblicas bálticas la boutade no suena tan graciosa.

España se unió al eje atlántico en dos fases, la primera con Franco, que se garantizó la supervivencia internacional del régimen, y la segunda con la entrada formal que ejecutó Leopoldo Calvo Sotelo y confirmó Felipe González después del referéndum de la OTAN. Más allá de la izquierda de la izquierda, nadie se opone a las bases de Rota y Morón, en un mundo de esferas es mejor estar dentro de la de Estados Unidos que la de Pekín.

Pero, incluso, Franco, que le debió tanto a Washington, le negó su participación en la guerra de Vietnam. Envió unos cuantos médicos uniformados a aquellas selvas y dejó escrita una carta en la que advertía de que esa guerra no iba a ser tomada por los vietnamitas como una liberación, sino como otra invasión colonial como las que llevaban siglos combatiendo. Léase hoy chiítas, y comprenderán cómo ha enfocado el régimen iraní la pifiada israelí, con aliados que van desde Yemen al oeste de Pakistán.

Sin la OTAN, no sólo el Este europeo quedaría expuesto, su permanencia es una garantía de que Marruecos nunca dará ese temido paso. Trump venía decidido a acabar con todo. Nos quedan como esperanza Marco Rubio y la biología.

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