Unidad y diversidad lingüísticas en Canarias

Decía el dramaturgo irlandés Bernard Shaw que la lengua inglesa no unía a británicos y estadounidenses, como es común pensar, sino que los separaba. Como toda afirmación categórica, se trata de una verdad a medias, porque lo cierto es que las lenguas humanas unen tanto como separan. Por una parte, unen, porque el código que les sirve de base (lo que el gran Ferdinand de Saussure llama langue) es igual para todas las personas que lo usan. Así, en español, la preposición hasta, el llamado pretérito perfecto de indicativo (he amado, ha llovido…), el verbo gozar o la consonante /ch/, por ejemplo, une a todos los hispanohablantes, sean castellanos, andaluces, canarios o americanos, en una sola raza idiomática, porque se trata de procedimientos idiomáticos que tienen exactamente el mismo valor invariante para todos ellos: el valor invariante de ‘movimiento de aproximación terminal con extensión’, ‘tener una acción acabada en el presente’, ‘implicarse plena o intensamente en algo’, y ‘consonante palatal tensa’, respectivamente. Desde este punto de vista, la lengua española constituye el factor de unión más importante de todos los hispanos. Y, por otra parte, separan las lenguas humanas a sus hablantes, porque estos pueden usarlas y de hecho las usan para expresar cosas distintas (parole), en función de sus propias necesidades expresivas.

Así, siguiendo con los ejemplos citados, con la significación invariante ‘movimiento de aproximación terminal con extensión’ de la preposición hasta se expresa en el español más general la duración terminal positiva y en determinados zonas del español de América la duración terminal negativa: abrimos hasta las cinco, por ejemplo, se entiende en el español más extendido en el sentido de que ‘la apertura durará hasta el momento que expresa el término de la preposición’ y en determinadas zonas de México, Colombia, etc., en el sentido de que ‘la apertura empezará en el momento que indica el término de la preposición’; con la significación invariante ‘tener una acción terminada en el presente’ del llamado pretérito perfecto, se expresa en Castilla ‘tiempo pasado inmediatamente anterior al presente’ y en Andalucía, Canarias y América, ‘tiempo pasado que se prolonga hasta el presente’. Así, la frase he trabajado en el campo se entiende en el español septentrional en el sentido de que ‘acabo de hacerlo’ y en el español meridional en el de que ‘lo he hecho y sigo haciéndolo todavía’; con la significación invariante ‘implicarse plena o intensamente (en lo que se indica)’ del verbo gozar se expresa en Castilla, Andalucía y América la acción de ‘pasarlo bien’ y en Canarias, además de esto, la acción de ‘presenciar algo con mucha atención’. Los canarios se gozan hasta entierros y peleas callejeras; y la consonante palatal tensa /ch/ se realiza en Castilla como ‘palatal africada’, en Andalucía, como ‘palatal fricativa’, y en Canarias, como ‘palatal mojada’. Desde este punto de vista, la lengua española constituye el factor de separación más importante del mundo hispánico, dividiéndolo en castellanos, andaluces, canarios y americanos, por lo menos.

En síntesis, que la lengua española une a todos los hispanohablantes por el código o langue y los separa o puede separarlos por el uso que estos hacen de ese código en la realidad concreta del hablar o parole. ¿Y por qué es esto así, aunque para muchos pueda resultar paradójico? ¿Por qué unen las lenguas naturales a sus hablantes tanto como los separan? Los unen, porque son sistemas o códigos, iguales para todos los hablantes. Y los separan, porque, como las necesidades expresivas de cada persona, grupo social, lugar, gremio profesional, etc., son o pueden ser distintas, los usos que se hacen de estos códigos colectivos pueden ser más o menos diversos. Las lenguas son iguales para todos los que las usan, pero diversas en su manifestación en la realidad concreta del hablar. Por eso se dice que se trata del principal instrumento de la libertad de expresión. Unir y separar son, pues, las dos caras de esas monedas tan singulares que usamos en el comercio lingüístico diario que son las palabras; tan importante lo uno como lo otro. El lenguaje implica unidad dentro de la diversidad: unidad de procedimientos y diversidad de manifestaciones o usos. Por eso nos identificamos los canarios con el resto de los hispanohablantes tanto como nos diferenciamos de ellos. Nos une con ellos la langue, esa langue que llamamos lengua española, y nos separa la parole, esa parole que llamamos español de Canarias.


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