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El Palmar: uno de los pueblos más bonitos de España

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12.04.2026

El eslogan entrecomillado es copiado. Y lo que se afirma no es cierto. Pero, eso sí, podría transformarse en toda una verdad. La alternativa, conocer, amar realmente las cosas y tener coraje para convertirlas en una honrosa realidad.

Oficialmente es El Palmar, pero nosotros lo llamamos El Palmar de Daute, para diferenciarlo de los otros palmares. Palmar por las palmeras canarias que aún están presentes en su medio. Daute, por ser éste el viejo menceyato guanche donde se ubica.

Lo monumentos populares que aún se mantienen en pie, se conservan, la mayoría de las veces, en estado lamentable. La pared de piedra seca que limita por el lado izquierdo gran parte de la calle Los Llanitos, superando en varios de sus tramos los 3 metros de altura, se ha derrumbado en varias ocasiones; la alternativa ha consistido, una y otra vez, en depositar las piedras caídas en solares anexos a la calle de Las Libreas, dejándolas allí definitivamente; la última borrasca, de nombre “Teresa”, derrumbó un espacio de pared de unos 5 metros de longitud, dejando al descubierto la masa de tierra, con el muy posible riesgo de continuar desprendiéndose. Muchas de las casas antiguas se muestran hoy desprovistas, total o parcialmente, de sus techumbres de tejas, empobreciendo, muchas veces, el valor de los conjuntos de los que forman parte. Muy poco sabemos del estado en que se encuentran los hornos de tejas (había tres), las eras privadas y comunales, las panaderías… Podemos añadir a lo reseñado, dos obras hidráulicas impresionantes, que llevaron agua desde la parte alta del Valle de El Palmar hasta la zona costera, respectivamente, el canal de “Jerrandianes”, siglo XVI, y el construido en tiempos de la II República, siendo alcalde de Buenavista Antonio Camejo Francisco; muchos de sus tramos han sido aniquilados, también varias de las tanquillas de las que se sirvieron los vecinos de los alrededores.

Con respecto a los bienes inmateriales, la situación no es menos satisfactoria. Numerosas tradiciones, varias de origen milenario, continúan inmersas entre la desidia y la falta de voluntad. Sirvan como ejemplos la tradición carnavalera del Oso, aún vigente en localidades del norte de la Península Ibérica, el antiguo entierro de la sardina, el desfile y sonar de las antiguas parrandas, los cantares de trabajo… A lo que hay que añadir, también en el ámbito del Valle, los carneros de las Portelas, que en ocasiones bajaban hasta El Palmar, cuyas raíces se remontan a las fiestas lupercales de la antigua Roma. Relacionado con lo propiamente inmaterial, se encuentra el inexistente y ansiado museo de Las Libreas, con probable y futura sede en la señorial Casa de Ossuna.

En El Palmar, como en tantos pueblos chicos y grandes de Canarias, quedan numerosos apartados por recuperar y cientos de libros por escribir, pensando, sencillamente, en la difusión y disfrute por parte de toda la comunidad. Libros pendientes sobre los apodos o sobrenombres, las artesanías, la impresionante arquitectura tradicional, sobre las fiestas patronales (San Bernardino y La Consolación) algunos de cuyos emblemáticos actos se encuentran inmersos en el olvido y la indiferencia: toques anunciadores de la fiesta con tambor y campana, juegos infantiles ancestrales, corridas no sanguinarias con “vacas toponas”, baile de las libreas, entremeses o comedias…

Todo eso es perfectamente conducible y realizable. Pero llevarlo a cabo pronto. Son en su gran mayoría temas de investigación cuyo recurso principal, muchas veces el único, es la oralidad cultural. El tiempo nunca espera. ¿Cuántos Maestros y Maestras de la Tierra han fallecido en los últimos años, llevándose todo el caudal de conocimientos que atesoraban?Si se restauran los monumentos populares mencionados, El Palmar sería “uno de los pueblos más bonitos de España”. Y si se recuperaran las tradiciones y demás manifestaciones culturales, “uno de los más importantes y ejemplares de España”. Comprometido y batallador en pro del valor más sublime que puede tener un pueblo, el legado cultural de sus padres y abuelos, característica esencial de los pueblos que son orgullosos, siendo la perseverancia uno de los factores que así los definen.

En ese desafío, el papel de compromiso, orientador y combativo de las asociaciones de vecinos es fundamental. Invitando a conferenciantes especialistas en la realidad local, a fin de aproximar a sus habitantes al conocimiento de la propia esencia histórica, geográfica, etnográfica, natural… Y presentar proyectos, solicitando ayudas económicas a las instituciones relacionadas con el patrimonio histórico (Gobierno de Canarias, Cabildo, Ayuntamiento, fondos europeos…).

Cerca de 30 años –por iniciativa personal y voluntad propia– llevamos viviendo en El Palmar de Daute. Las reuniones de la asamblea de la Asociación de Vecinos han sido escasísimas, casi inexistentes. Constituyen una herramienta fundamental e imprescindible para refrescar la memoria y mejorar la calidad de vida de la vecindad. No recuerdo ni una sola ocasión en que se haya invitado a algún conferenciante. Cuando a través del Whatsapp de la Asociación planteamos algunas preguntas relacionadas con ella, se nos respondió que aquel no fue creado para hacer preguntas. Y cuando quisimos conocer los nombres de los directivos de la Asociación, se nos dijo que ese dato “está bajo secreto de sumario”. “Cosas peores veredes, amigo Sancho”. Y decimos todas estas cosas sin la más mínima pretensión personal, con la única aspiración de avanzar, de mejorar la situación; en suma, para intentar situar a nuestro pequeño pueblo en el lugar que se merece.

*Premio Canarias 2022 de Cultura Popular


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