El final de la guerra está cerca |
Ustedes se imaginan que Putin dé por finalizada la guerra de Ucrania y Zelenski diga que se acabará cuando él diga? Pues esto es lo que sucede en Oriente Medio tras el anuncio de Trump de abandonar el conflicto y la respuesta del hijo de Jameini. La cosa se complica cuando la prensa lo traduce como una retirada provocada por la subida del petróleo y no hace crítica de la posición chulesca del régimen de Irán. Si lo observáramos desde un prisma objetivo todo ello obedece a un problema de política interna. El anuncio de Trump lo es, el del régimen iraní de los ayatolas también y la reacción de la prensa española progresista obedece al mismo asunto, pues el final de la guerra trastoca las estrategias de presentar la negativa a algo que no existe. Muerto el perro se acabó la rabia y los esfuerzos de algunos por agarrarse a un clavo ardiendo para construir su nuevo argumentario de salvación no sirven para nada. También se acaban las razones del poder blando y del liderazgo global. Este globo se desinfla y volvemos a lidiar con lo cotidiano: Koldo, y familia y la espada de Damocles de Aldama flotando en el aire, alimentada por la fachosfera y en manos de jueces acostumbrados a practicar el lawfare. Ignacio Sánchez Cuenca se lamenta de que se han perdido los valores democráticos que distinguían a Occidente y esto es cierto. Vivimos en un mundo cada vez más dependiente de la IA, gobernado por lo ficticio y por la navegación vertiginosa en redes controladas por los algoritmos, donde la consideración individual de la persona está a punto de desaparecer. Me aterroriza pensar en que vamos a desembocar en un mundo orwelliano, justificado por una situación desordenada. Las cosas han cambiado hasta el punto de que nadie se corta un pelo para llamar viejo a aquello que ya no responde a las necesidades actuales. Las palabras de Úrsula von der Leyen van en este sentido, pero reflejan la realidad aunque muchos se escandalicen. Irán a demostrado ser una Hydra que multiplicará sus cabezas a medida que se las vayas cortando. Pero no es el único monstruo que existe. También Europa ha dejado crecer el suyo y ahora no sabe cómo arreglarlo. Lo que hasta hace poco constituía el progresismo más rabioso se ha ido al suelo de golpe y porrazo sin que sus protagonistas lo quieran reconocer. No hay más reacción que la del sálvese quien pueda. Llamar viejo a lo que se desmorona ante nuestros ojos necesita urgentemente que alguien nos explique dónde está lo nuevo que lo viene a sustituir. Cuáles son los valores que nos van a comprometer en su defensa a partir de ahora. Andamos chapoteando en el cieno de lo obsoleto sin encontrar la salida. Necesitamos un Dédalo que nos enseñe a escapar del laberinto. Lo malo es que ni de él nos podemos fiar, porque las alas endebles que le pondrá al Ícaro, que somos nosotros, se derretirán al calor del cambio climático y caeremos al océano para perecer ahogados. Lo único que me consuela es que este invierno ha hecho un frío del carajo, sin que desde mi ventana haya visto volar bajo a ningún grajo. Hasta las cabañuelas me están fallando.