Astuto, sabio y respetuoso |
Para ser sinceros, fui un director nombrado por descarte. Tras varias opciones que no encajaron, el gerente Gustavo Armas puso mi nombre sobre la mesa y me llamaron para una reunión de trámite que iba a durar apenas unos minutos. Pasé a un despacho en la planta alta del viejo edificio de la calle Salamanca. Un anciano de gafas oscuras, ladeado en su silla y presidiendo una enorme mesa de madera maciza iba a escuchar el proyecto que le planteaba. Yo entonces compatibilizaba la corresponsalía durante once años de El País con la jefatura de Informativos de la SER en Tenerife, así que en sus cabezas seguramente entenderían que era una reunión de mero trámite, a la que había accedido para excusarme de forma educada, agradecido por haber pensado en mi.
Pero lo que desconocían era la enorme ilusión con la que había entrado aquella mañana, lo que en mi decisión pesaría una película icónica como Ciudadano Kane, y que durante días había sido muy feliz imaginando los siguientes años de producción........