Alfonso García-Ramos

El Día de las Letras Canarias estuvo dedicado este 2026 al periodista y escritor Alfonso García-Ramos (Santa Cruz de Tenerife, 1930), que fue director del periódico La Tarde entre 1974 y 1980, año en el que murió. Este cargo supuso el reconocimiento profesional a toda una vida dedicada al periodismo, profesión que estudió en la Escuela Oficial de Madrid y ejercitó desde agosto de 1959 a la sombra y luz de su maestro, Víctor Zurita. Con anterioridad, en 1962, desempeñó en Santa Cruz de La Palma, durante seis meses, igual puesto en DIARIO DE AVISOS.

Antes de que asumiese la máxima responsabilidad en el Vespertino, ocupó la subdirección durante cuatro años, nombramiento que se recogió en la página 3 con los mejores elogios por parte de la empresa editora: “Su pluma brillante, de hondura y calidad, es bien conocida por nuestros lectores, tanto a través de numerosos editoriales como en artículos rubricados con su firma, referidos casi siempre, cuando no a temas literarios, a los aspectos más fundamentales de la problemática provincial, insular y local”.

La actividad de García-Ramos no solo se limitó al periodismo, pues la literatura colmó también sus inquietudes vitales. En 1959 ganó el premio Santo Tomás de Aquino, otorgado por la Universidad de La Laguna, por la obra Teneyda. Luego, la Caja General de Ahorros de Santa Cruz de Tenerife le reconoció en 1970 con el Benito Pérez Armas gracias a la novela Guad, referente del boom de la literatura canaria de posguerra. En 1979 mereció, de igual forma, el premio de novela Agustín Espinosa con Tristeza sobre un caballo blanco. Por último, meses antes de fallecer, inició lo que él llamó “Memorias líricas o mínimas” con el título Cuando la hierba era verde. Una primera entrega de estas memorias (Palomas y gaviotas) se publicó en La Tarde el 22 de diciembre de 1979, mientras que el capítulo Buscando en el limo se divulgó, en el mismo diario, como homenaje póstumo, el 5 de marzo de 1980.

La política tampoco le fue esquiva y militó en el Partido Socialista Obrero Español desde la época de la clandestinidad. Precisamente, en el momento de su defunción era consejero presidente de la Comisión de Cultura del Cabildo Insular de Tenerife y de la Mancomunidad Provincial Interinsular, tras concurrir como cabeza de lista, en calidad de independiente, en la lista del PSOE. Estos afanes de servicio público chocaban con su labor periodística al frente de La Tarde, pero el Consejo de Administración de la Empresa siempre tuvo claro que su recto proceder era garante de honestidad. Como escribe Eliseo Izquierdo,“el ideario político de Alfonso García-Ramos giró siempre sobre unos presupuestos muy claros: democracia, libertad, europeísmo y gran conciencia tinerfeña”. Por eso, no extraña que todos los grupos políticos del Cabildo de Tenerife decidieran por unanimidad, el 17 de marzo de 1980, bajo la presidencia de José Miguel Galván Bello (UCD), reconocerle como Hijo Predilecto de Tenerife. En el dictamen del reconocimiento se afirma que fue “un hombre de limpia ejecutoria, que nadie logró sobornar y que decía lo que tenía que decir cuando tenía o creía que debía decirlo, sin miedo a cualquier represalia”. Eran otros tiempos. En la actualidad, la servidumbre informativa al poder político deja en evidencia cualquier independencia.

García-Ramos estuvo ligado, asimismo, al Ateneo de La Laguna, institución que presidió de 1961 a 1963 y de 1975 a 1978, y de la que, en 1979, fue nombrado presidente de honor coincidiendo con la celebración del setenta y cinco aniversario de su fundación. Además, perteneció al Instituto de Estudios Canarios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife y al Instituto de Estudios Colombinos. Como docente, fue profesor y luego director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Laguna hasta su supresión por el Ministerio de Educación y Ciencia.

El período directivo de García-Ramos destacó por la enorme repercusión que tuvieron los cerca de mil cuatrocientos artículos que publicó bajo la cabecera de Pico de águilas. Días después de su fallecimiento, Óscar Zurita, que le sucedió en la dirección de La Tarde, evocaba el vuelo alto de sus letras sobre las cumbres del entendimiento, la cultura, la política y la amistad.


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