Tigaray, regreso al latido inicial

El pasado mes de marzo, entre el sábado 28 y el domingo 29, el grupo realejero Tigaray ofreció tres funciones dentro del proyecto homenaje a su trayectoria, como broche a los actos de su 40 aniversario. Con llenos absolutos, firmó un regreso cargado de simbolismo al lugar donde comenzó todo. El renovado Teatro-Cine Realejos, escenario de su debut en 1986, se convirtió así en punto de encuentro entre memoria y presente para celebrar cuatro décadas de música y compromiso cultural. Fundado en 1985, y tras su primera actuación pública el 22 de marzo de 1986, Tigaray reunió sobre las tablas a varias generaciones de sus integrantes, desde los fundadores hasta quienes hoy mantienen viva su esencia. El arranque no pudo ser más elocuente. Fueron ellos, los primeros, quienes abrieron el espectáculo en una secuencia marcada por la emoción. La evocación de los ausentes, como el recordado maestro Domingo Fumero, a través de imágenes, conmovió a un público que también reconoció en su hijo, Samuel Fumero -actual director-, la continuidad de un legado que ha sabido reinventarse sin perder su raíz. De aquellos poco más de veinte componentes iniciales a la formación actual, el grupo ha recorrido y sumado un camino sólido que ha llevado su música por toda Canarias, el territorio peninsular y más allá, con paradas significativas en países como Venezuela. Sobre el escenario no faltaron guiños a su discografía, desde su primer LP en 1987 pasando por piezas tan representativas como Sueños de un emigrante y otros trabajos discográficos. Durante más de una hora, el público fue testigo de un recorrido intenso por más de cincuenta temas. Sergio González, conductor del acto y responsable de textos, guion y dramaturgia, lo dejó claro, señalando que lo escuchado, por razones de tiempo, apenas llegaba a rozar la amplitud del repertorio histórico del grupo acumulado a lo largo de estas cuatro décadas. Con un sólido acompañamiento instrumental y unas voces que emocionaron desde el primer momento, Tigaray ofreció mucho más que un concierto. Fue un homenaje a quienes estuvieron, a quienes están y a quienes seguirán dando forma a una historia que ya pertenece al patrimonio vivo de Los Realejos. Gracias y felicidades, Tigaray, por volver al latido inicial.


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