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La noche de las grandes verdades

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13.10.2019

Cada edición de los premios Taburiente de DIARIO DE AVISOS nos regala momentos imborrables. En tan solo cinco años ya se ha mitificado ese factor sobrecogedor que después recordaremos siempre. Esta vez, una de esas reliquias la urdió sobre el escenario el pintor Cristino de Vera, que, en un estado de fragilidad extrema, caminó con dificultad hasta el estrado, tras recibir el premio, y pronunció un discurso testamentario: “Me da mucha pena despedirme de ustedes, mi tierra, del mundo visible”. Y contó con la voz grave de Leonard Cohen cómo está viviendo su desvivir, cómo “una luz rodeada de silencio” le conduce al último tramo de su existencia con una “alegría espiritual”. El pintor de 88 años que se hizo célebre retratando el esqueleto de la muerte y que se hizo místico viajando a la India en su juventud, desnudó su alma en los Premios Taburiente. El Guimerá enmudeció escuchando sus palabras monacales que, en el fondo, eran un salmo onírico, un canto monocorde del gran anacoreta irónico que fue siempre Cristino, al que sus amigos de toda la vida recuerdan estimulado por la idea de sentirse un hombre finito detrás de una luz inagotable. Esta vez, con evidente franqueza en su confesión pública, Cristino estaba agradecido a su manera de vivir el sueño de un acto en el que todo sucedía como en sus cavilaciones más íntimas a orillas de esa luz.
Veía que el escenario se dejaba envolver por hombres sabios como un botánico que describía el futuro como parte del arte de vivir y que parecía feliz transmitiéndonos su amor por ese mañana de un mundo que a todos nos inquieta tanto. Wolfredo Wildpret fue el primero en abrir en el........

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