La ‘batalla’ de España |
Cuesta entender que haya un país en Europa, no cualquiera, sino la cuarta potencia económica, España, donde la oposición evita hablar de la guerra de Irán, en medio de las ondas de choque de una crisis energética que alarma al mundo.
La oposición conservadora española, ante un tema que le resulta incómodo, se aísla en mitad del clamor (“esta no es nuestra guerra”) con que Europa traza, por primera vez, una línea divisoria con EE.UU., que puede ser el final de la OTAN como la hemos conocido y motivo de divorcio de la potencia junto a la que hemos llegado hasta aquí.
La derecha se recluye bajo los Pirineos, una vez más, justo cuando el Consejo Europeo, la cumbre de líderes de los 27 socios, se alineaba esta semana con el presidente español, que le plantó cara a Trump. Es innegable que Sánchez ha resucitado políticamente con su no a la guerra, de notable repercusión, frente a la vía bélica insaciable del presidente americano.
Es todo un misterio, ante la evolución del criterio europeo, cómo el PP de Feijóo no ha corregido a tiempo su complacencia con Trump, siendo esta “la mayor amenaza para la seguridad energética mundial de la historia”, según sentencia Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía. La derecha española permanece confinada en disputas con Vox por los pactos regionales. Si bien la prensa internacional no deja lugar a dudas sobre el calado del papel de España en esta crisis mundial, como reflejan el Financial Times o el New York Times. Ayer, en El País, el economista de Harvard Dani Rodrik decía que es un caso de “inspiración”.
Hace tres semanas, Pedro Sánchez estaba solo en Europa cuando negó las bases a EE.UU. y enarboló el “no a la guerra”. El jueves, en la cumbre europea, lo arroparon a coro. Feijóo intervino antes en el seno del PPE -el bloque conservador europeo-, y no se anduvo con contemplaciones contra Sánchez por crear, a su juicio, “un problema a la UE” con su “enfrentamiento con Trump”. El líder del PP iba en sentido contrario a las agujas del reloj, pues el Consejo Europeo se alineó con Sánchez y abogó por la desescalada.
El PP -ya no digamos Vox- ha optado por otorgar con su silencio ante la Casa Blanca. Sumisiones como la de Ayuso, no desautorizada por Génova, deslegitima a un partido que es alternativa de poder en un momento que no admite titubeos. Hemos visto a Von der Leyen, la presidenta de la CE, alemana y conservadora, retractarse tras un discurso que levantó ampollas, cuando parecía arrimarse a Trump, y tanto António Costa como Sánchez discreparon de sus palabras. El que más y el que menos ha tenido que rectificar.
Estar con Trump estos días no es anecdótico. Llama “cobardes” a los miembros de la OTAN por inhibirse en Irán y no acudir al desfiladero del estrecho de Ormuz. “¡Sin EE.UU., la OTAN es un tigre de papel!”, brama y amenaza con retirar las bases de España y de cuantos países de Europa no le bailan el agua. Como ya no le importa el Nobel de la Paz y hace la guerra, Trump escupe fuego como un dragón, pero unirse a él, como dijo un general francés retirado, es como subirse al Titanic tras chocar contra el iceberg. ¿Feijóo lo capta?
Esta guerra en curso en Oriente Medio recuerda a Gaza, dantesca y larga. Los ataques a las infraestructuras energéticas hacen presentir lo peor. Es una guerra en racimo, contra Irán, Europa, Ucrania y la estabilidad global. La derecha española se escuda en que busca acabar con el régimen que persigue a las mujeres sin velo, como si Trump hubiera traído a Venezuela la democracia y no a las petroleras a llevarse los barriles de crudo del país.
España, por haber invertido estos años en energías renovables, pagará más barata la electricidad por la guerra (cuando aquí el megavatio hora vale 14 euros, en Italia, Alemania y Francia supera los 100). Un canario conoce bien qué significan la dependencia exterior y la energía renovable con tan solo mirar a El Hierro (Gorona del Viento). Al plan del Gobierno de 5.000 millones para hacer frente a los precios de la crisis energética respondió Miguel Tellado (PP): “Bienvenidos a la fachosfera”. La presencia de rebajas fiscales le sonó familiar, propio de su partido, y le apeteció hacer un chiste con aquella expresión que acuñó el tinerfeño Idafe Martín Pérez en sus columnas de opinión de El País.
Pero cuando los días se vuelven semanas y las semanas, meses, comprendemos que la guerra de EE.UU. e Israel no es una broma y escuchamos en boca de Netanyahu que “no se puede hacer una revolución desde el aire” cuando barcos de guerra y miles de marines ya navegan hacia la zona y el Pentágono pide 200.000 millones de dólares al Congreso “para matar a los malos”, como pregona Hegseth, el impresentable secretario de Defensa.
En Afganistán, Irak, Vietnam o Hiroshima y Nagasaki sucedieron cosas de orden existencial. Ahora, en Irán, tras más de 20 días de bombardeos, estamos desandando el camino, volviendo sobre las huellas de los errores de la historia.