Raúl

Ha muerto Raúl del Pozo (Cuenca, 1936). Lo conocí cuando vino a Tenerife a cubrir el famoso y terrible crimen de los alemanes, en la calle Sabino Berhelot, esquina Viera y Clavijo. Yo trabajaba en La Tarde, luego tuvo que ser en el 70, 71, o por ahí. Hizo las mejores crónicas para Pueblo de aquel suceso macabro. Las fotos eran de Raúl Cancio, que le acompañó. Otro de los grandes del disparatado y atractivo periódico de Emilio Romero. Luego, cuando fui allí a hacer las prácticas de diseño con José Asensi, tomé algunos guacarnacos con Raúl en las tabernas cercanas a Huertas o en el tugurio/whiskería del periódico. Más tarde, Seat nos invitó a los dos a un rallye que cubría el Camino de Santiago, desde Roncesvalles al Obradoiro. Pero Raúl no sabía conducir, me parece. Iba conmigo de copiloto en el coche. Ayer me llamó Juan-Manuel García Ramos para anunciarme su muerte y la de Bryce Echenique, al que no tenía el gusto. Raúl del Pozo, desde la muerte de Umbral, era “el cronista”. Ejerció el periodismo hasta última hora, era asiduo del Café Gijón, a un tiro de piedra de mi casa madrileña de Almirante, admiraba a Ruano y a Cela y fue íntimo de Manuel Vicent. He leído hoy que Vicent, que vivía en la misma calle que Raúl, lo llamaba a principios de año para porfiarle quién de los dos iba a morirse en los siguientes doce meses. Con Pepe Oneto tuvimos algunas comidas en las tardes madrileñas. Fui un rendido lector de sus artículos. Le encantaba la perrita de un vecino que lo visitaba cada día, casi vivía con él. Dicen que se acostó con la duquesa de Alba (y yo me lo creo) y lo celebró llamando a su padre, al pueblo, según cuenta Antonio Lucas en un soberbio obituario de hoy en El Mundo. Su padre le respondió: “¡Eso sí que es triunfar en Madrid, hijo mío!”.


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