Pablo cogió su fusil

La lluvia llegó tarde, según parece, con respecto a las previsiones de la Aemet. Pues qué bien. En Santa Cruz diluvió, corrieron los barrancos, se montó el natural lío de tráfico, fueron arrastrados contenedores de basuras y cayó algún muro viejo. Una especie de dana, pero con más orden que las anteriores. En Cuba, Johnny (Pablo Iglesias) cogió su fusil. Pero no sabe cantar, como Silvio Rodríguez. Tomasito, un jardinero que yo tenía, guachimán entrañable, me pidió una vez un coche para llevar por esta isla a Silvio Rodríguez: “Don Silvio, don Silvio, yo también soy comunista”, le decía Tomasito al cantante, que fue capaz de escribir e interpretar Te doy una canción. Los cubanos son dados a la poesía y al fusil, es decir, a la epopeya, pero no sabía yo de la vocación de guerrillero de Pablo Inglesias, entrenado en su cuartel de Galapagar, con piscina y criada. Hay guerrilleros de cinco estrellas, como estos de Cuba, que pretenden llegar en flotillas y se alojan en hoteles de lujo, únicos albergues con luz eléctrica y sin basura aparente. La herencia de los Castro no digo yo que sea cómoda para los compatriotas y mucho menos acorde con los tiempos. El comunismo hace tiempo que está demodé, pero hay gente que se aferra a él, porque algunos viven muy bien con el comunismo, a costa del malvivir de otros. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, la antítesis de la democracia. Llueve en las islas, pero con fuerza local, en medio de estos microclimas extraños de mar a cumbre, como las particiones de la Conquista, lluvia que colma los arañazos profundos de los barrancos llenos de ratas y que pone la mar canela. Aquí, gracias a Dios, no tenemos fusiles ni flotillas, ni cantantes que quieren ser soldados, ni podemitas que se apuntan al tiro olímpico. Qué barbaridad.


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