La gasolina y el cáncamo |
Yo no veo, a pesar de las supuestas medidas del Gobierno de Canarias y del Gobierno central, que la gasolina baje de precio ni un céntimo. Llevo años echándole 20 euros al coche y cada vez cunden menos esos menos de 20 litros, tras repostar. Es decir, que mi vida por kilómetro recorrido se hace ya insoportable. Yo lo suplo circulando en coche lo estrictamente necesario. Esto, unido al impresionante aumento de la cesta de la compra, hace que los ingresos de los españoles, y su malestar, estén casi a la altura de los de Venezuela. Y lo peor es que seguimos creyéndonos los engaños, transmitidos a través de los medios de comunicación, sobre medidas que favorecen al ciudadano, mientras que la presión fiscal se hace inaguantable. Aquí la única realidad, y se trata de un hecho constatado, es que los ingresos no dan para vivir y que casi nadie llega a fin de mes. El endeudamiento y la penuria de las familias es una realidad y estamos pasando por una época terrible en lo económico, a pesar de los datos engañosos que nos transmiten. La realidad es que los ricos se forran y los pobres cada vez tenemos menos poder adquisitivo, con lo que el currito ha de acudir al cáncamo, a la rapiña del escaso dinero negro del mercado y a decir que no a la facturación legal para que Hacienda no lo cruja. La última invención de los gobiernos es ir retirando paulatinamente el dinero físico, lo cual sería la muerte de la población en general. Y esa idea, naturalmente, parte de España, que es la que inventa todo lo malo. No de ahora, sino desde la Edad Media; y de antes, incluso. Después la seguirán otros países, siempre a la caza y captura del pobre y doliente contribuyente. No tenemos remedio, somos unos mierdas.