La cagada sobre Almeida |
Quiero mostrar mi solidaridad con el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, cuyo peluco fue bombardeado sin piedad por una paloma en la madrileña calle de Juan Bravo. Calle en la que está, precisamente, mi Asociación de la Prensa, que de momento ha salido indemne. Y lo de la solidaridad viene porque a mí, en la invicta ciudad de Santa Cruz de Tenerife, me cagó en el tolmo una paloma, es verdad que en tiempo inmemorial, y estuve lavándome constantemente el totizo porque durante más de siete días me olía a mierda de paloma -o palomo-, lo cual es un verdadero asco. A las palomas -y palomos- hay que tenerles miedo, sean cojos o no, porque fueron los únicos que pudieron cagarse sobre Franco, sobre las estatuas ecuestres del caudillo, sin que pudiera su terrible pasma dar caza a los responsables. Por otra parte, y hablando de lo mismo, la izquierdona feminista rancia se ha quejado, en su despiste, de que los machirulos habían atentado contra un bustillo pequeño y madrileño de Clara Campoamor. Y resulta que habían sido las putas palomas, como se demostró más tarde por la forma del chorrete. Así que mi comprensión hacia el alcalde Almeida, que en este momento estará rascándose la melena y echándole champú, para hacer desaparecer los restos de la deposición colombófila. Repito que las palomas -y los palomos- son muy cabrones y las gaviotas también. Las cagadas de paloma te pringan para siempre y las de gaviota te dejan ciego o tuerto, si tienes la desgracia de que la mierda te caiga en los dos o en un ojo, de los tres que tiene uno. Pues esa es la actualidad avícola y colúmbica de este bombardeado país, cuyas estatuas, y por lo que se ve algún político y periodista, han sido bombardeados por esta ave casi inútil, entrañable -y cagona-, símbolo por cierto de la paz.