En vez de hablar del espacio

Miren ustedes, estamos inmersos en una nueva era espacial, en la que el hombre ha batido el récord de su distancia con la Tierra; la pérfida Irán va a ser devastada por la artillería de los norteamericanos; y aquí los periódicos hablan de que si Ábalos se mamó millón más/millón menos y de que si el hermano de Koldo llevaba o traía sobres de Ferraz; y del caso Kirchen, que no sé ni lo que es. Son las distintas varas de medir. España se empobrece, pero mentalmente, porque cada vez pintamos menos y a cada rato nos enmierdamos más en nuestras propias heces de la corrupción. Las dos Españas, que al final son más de dos por obra y gracia de nosotros mismos y de los que elegimos para que nos gobiernen. En vez de sintonizar en la tele la CNN para ver la aventura del espacio, como no sabemos inglés vemos Sálvame o sus coincidentes y seguimos viviendo del cuento, del lameculismo y del culichichismo más exacerbados. No tenemos remedio. Hay que renegar de uno mismo como pueblo, de una sociedad en la que reina la incultura y el sálvese quien pueda. Qué tristeza que nos hayamos convertido en españoles errantes, desinhibidos de lo importante y metidos hasta el tuétano en una vorágine que de intelectual tiene poco. Si les sigo hablando voy a contagiarles a ustedes mi pesimismo y no me quieren para eso, o sea que les dejo con lo escrito, a la espera de un tiempo más luminoso, como esos rayos de luna que han visto los cuatro astronautas metidos en una cápsula que navegan por el espacio fotografiando la cara oculta del satélite. Ya regresan, llenos de esperanza, mientras aquí abajo seguimos comiéndonos los mocos. Y todos tan contentos, incluso con la Hacienda que nos persigue de aquí a junio.


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