El relámpago de Catatumbo

En mis noches de estancia en Maracaibo me sorprendió el relámpago del Catatumbo, un resplandor constante que se produce en la lejanía, dicen que con orígenes en el cauce del río Catatumbo, que tiene 500 kilómetros y es navegable casi todo él. Creo que desemboca en el lago Maracaibo y forma allí un delta de sedimentos. El relámpago impresiona y se produce de noche, sin sonido por lo lejano de su origen, pero con un resplandor extraordinario. Lo menciona Lope en La Dragontea y dicen que los nativos wari lo atribuyen a millones y millones de luciérnagas que rinden homenaje a su dios. La lírica se ha apoderado del fenómeno y canciones y poemas lo citan constantemente. Estaba sentado, con una amiga, en la orilla del Lago Maracaibo, observando la impresionante exhibición del cielo estrellado; ver el resplandor, estremece, sobre todo si a pocos metros de tus pies has visto pasar a la mayor rata del mundo, asustada sin duda por nuestra inocente presencia. Huimos de aquel lugar. Me he acordado del relámpago por un reportaje que acabo de leer en El País sobre esa región fronteriza con Colombia, donde la coca circula más fluida e impunemente que el cauce de un río. Me asombro de mí mismo por lo que he vivido. Sentarse de noche junto al Lago Maracaibo, sin medios de defensa o aún con ellos, es una locura absoluta porque allí levantas una piedra y te salta un delincuente que te quiere atracar y quién sabe si matar para robarte. Recuerdo que nos alojamos en un hotel que tenía en su último piso un restaurante giratorio. Consulto internet y el hotel se llama ahora El Paseo y el restaurante El Girasol, como no podía ser menos. No sé por qué estoy recordando a Venezuela, quizá porque he escuchado a Jaime Bayly hablar mucho, y mal, de Cilia Flórez, la mujer de Maduro. A buen recaudo ambos.


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