El loro, el perro y la tortuga de Franco |
Ha fallecido en el zoo de Knoxville, en el estado norteamericano de Tennessie, la lora Einstein, que sabía pronunciar más de 200 palabras e imitar distintos sonidos. Es decir, tenía más vocabulario que muchos periodistas y que nuestro entrañable e impredecible mago peludo, que se defiende con media docena de palabros. La lora llevaba tres años intentado superar un cáncer en sus cuerdas vocales y los veterinarios que la atendían se vieron obligados a procurar su tránsito. Tenía 38 años, que no son demasiados para un lorito. Había participado nada menos que en el América´s Got Talent, con gran éxito. Einstein era toda una institución y demuestra (hablando de animales) aquello que dijo de su perro un conocido villero, de muy buena familia y tremendamente sincero: “Hay perros más inteligentes que sus dueños; por ejemplo, el mío”. Hablando de perros, un can de la Policía Local de Santa Cruz se ha ganado una medalla al mérito policial, al perseguir, “de oficio” a un traficante que paseaba con dos kilos de hachís por un centro comercial de la capital, acorralarlo y conseguir que su guía y una pareja de policías nacionales que estaban por los alrededores registraran la bolsa del malandro, que fue detenido. Quiero llevar al perro a Los Limoneros, ofrecerle un plato de jamón Cinco Jotas (si su dieta lo permite y, si no, un hueso) y entrevistar a su guía, porque lamentablemente el perro, cuyo nombre ignoro, y al contrario que Einstein, no sabe hablar. Qué maravilla, en medio de la guerra, poder contar cosas como estas, tiernas y llenas de mensajes a los humanos, en tantas ocasiones mucho más brutos que los animales. Dicen que a Franco le regalaron una vez una tortuga, que rechazó, con el siguiente pretexto: “Es que uno les coge cariño y sufre cuando se mueren estos animalitos”. Las tortugas pueden durar 100 años.