El deber de soportar el daño
Con ese argumento, literalmente con esas palabras, el Gobierno de España, a través de su superministro Félix Bolaños, respondió a la petición de reparación del daño presentada una vez que el Tribunal Constitucional constató que mis derechos fueron vulnerados injustamente.
Esa frase expresa, sin disimulo, lo que realmente piensan: que hay quienes tienen el derecho divino de ser intocables y después estamos el resto, la mayoría, que debemos soportar el daño y punto. ¿Que no te llega el sueldo para pagar el alquiler y el Gobierno no hace para remediarlo? A soportar el daño ¿Que pediste hora con un especialista y te dan cita para dentro de un año y medio? Pues nada, a soportar el daño. Y así todo. No es un lapsus, no es un desliz, es una forma de entender el mundo, la sociedad y el funcionamiento institucional. Unos pocos lo merecen todo y el resto a callar y aguantar -soportar-, que la vida es así.
No quiero ser un plasta ni pienso dedicar medio artículo a la cronología de los hechos que nos llevaron hasta aquí, pero me gustaría hacer énfasis en una cosa que tengo clarísima. Hablo de la naturaleza del castigo. Es evidente que tiene una parte individual importante, se elige a una persona y se aplica la fuerza de las instituciones —ya sean policiales, judiciales, mediáticas o políticas— de manera totalmente desproporcionada para conseguir el objetivo buscado: triturarla.Por supuesto, es bastante probable que consigan su objetivo ya que la persona enfrenta, desde la desigualdad, un proceso de años que martiriza, que condiciona su vida, la de su entorno, que tiene un coste económico enorme y que deja como vía más sensata -y legítima, ojo- tirar la toalla.Todo ese castigo individual es innegable y en mi caso, como en la mayoría de ocasiones, tuvo que ver con el activismo social.........
