Nostalgia

14 de abril 2026 - 03:07

Invade la nostalgia cuando bajábamos a aquella Puerta de Purchena, no la de ahora, sino la de hace años. Aquella con una fuente de piedra en su centro donde algunos se bañaban cuando el Real Madrid o el Barcelona ganaban la Liga e incluso el Almería ascendía. Lugar donde se situaban los almacenes Segura, donde podías comprar desde hilos, juguetes y hasta medias. Junto a él se encontraba Calzados Olimpia, por si era necesario cambiar de zapatos.

Cuando se acercaba septiembre, era común entrar a la papelería Avenida. Añoranza es saborear el café del bar Alcázar, donde reinaba un buen pescado fresco de temporada. Valentín y Emilia, supieron muy bien a quién escoger como camareros: Domingo Alcaraz o Antonio (su planchista), entre otros.

Tenor Iribarne sigue presentando algunos de aquellos comercios y bares como el de Plaza Suizos. Esencia de José María y Mari Trini, que han sabido mantener desde que en 1917 abrió sus puertas por primera vez, manteniéndose en el mismo lugar. En contraposición, el restaurante Valentín, que comenzó frente a esta zapatería, pero años después pasó al lugar donde hoy se encuentra. Pero ¿cómo no caer en la nostalgia entrando al Baviera? Donde la amabilidad de Pedro Paz, Ramón (hoy dueño del Bahía de Palma), Pedrín o Rosa, en su cocina, les atendían de la mejor manera gracias a su propietario Pedro Sánchez Fortún.

¿Recuerdas a Eleuterio? Conocido como Lute, que sin ser farmacéutico te ofrecía y recomendaba lo que más necesitabas. O la cafetería de José, perdón, Popi o cafetería Coímbra, ¿notas el sabor en el paladar? Pepe, Juan Carlos, Eduardo, Diego, Manolo o Paquito, por citar algunos de sus camareros que te atendían siempre gustosamente.

La confianza acertada de Gracia y José, cuando depositaron en su hijo Carlos. Continuando y proyectando aún más lejos, si cabe, a La Dulce Alianza, con aquellas mismas napolitanas y charcutería. Donde el mítico salón de té que quedaba al fondo hoy ha pasado a situarse en la planta inferior de su ubicación actual.

En estos últimos pasos cualquiera visualiza como todo ha cambiado. Donde antes existían negocios con personas de verdad hoy solo quedan grandes marcas donde los trabajadores cambian cada temporada y la calidad de sus productos queda degradada a un bajo nivel. En fin, solamente queda decir gracias a los que un día dieron vida y sentido a muchos lugares de lo que un día fue el Paseo de Almería.

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