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La paz bien merece un rezo

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13.04.2026

13 de abril 2026 - 03:09

El pasado viernes, cuando del cielo se oscureció y una temperatura de treinta grados, asistí a las 08:30 horas en la Iglesia de Santa Clara del Monasterio de la Encarnación a la solemne Eucaristía de Pascua de Resurrección. Ocupaba la Sagrada cátedra y predicó la Palabra de Dios, el Rvdo. José María Sánchez García, Prior en Almería de la Orden de Caballería de Santo Sepulcro de Jerusalén, asistido de acólitos de la Hermandad de la Esperanza Macarena.

Las monjas clarisas vivieron en plenitud esta Santa Misa tras las rejas de la clausura. Siempre un recuerdo para mí tía la Madre Sacramento enterrada en el interior de convento, con la que crecimos mi hermano y yo junto a mi tía Rafaela Martínez Oña y mi padre, Juan Aguilera Ruiz. Lo pasaron muy mal en la guerra civil de 1936. Gracias a la quintacolumnista y fundadora del Taller de la Aguja, Carmen Góngora López, evitaron ser asesinadas.

Me situé en un banco al lado de Nuestro Padre Jesús de la Pobreza, recordando aquellos años de la Archicofradía de la Hora Santa y al lado de dos grandes músicos y corazones, la soprano María Cruz Calvo y el pianista Juan Francisco Manzano, quienes armonizaron como salmistas las oraciones invocadas.

Las limosnas recogidas se destinan a labores de caridad que realiza esta corporación en Tierra Santa. El Rvdo. Sánchez García hizo entrega a la Madre abadesa de un recuerdo reportado de las entrañas de la naturaleza en donde el Hijo de Dios se hizo hombre para la redención de nuestros pecados. Hoy, este lugar en donde se produjo el histórico de la Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios se encuentra en conflicto bélico.

El sermón, todo un conjunto de palabras providenciales de profunda espiritualidad para que desde el amor a Dios y al Resucitado Jesucristo no permitamos que la oscuridad se apropie de nuestros corazones, nuestras formas de pensar, nuestras actitudes, y recemos por la paz en Tierra Santa y en aquellos lugares del mundo que se encuentran en guerra.

Con emoción recibimos los fieles presentes el templo monacal franciscano, cuando Don José María nos trasladó sus vivencias de hace unos días en Tierra Santa. La ayuda que prestan las monjas de Santa Teresa de Calcuta y los franciscanos custodios de este lugar, y como estando oficiando la Santa Misa escuchaban el ruido atronador de los proyectiles que impactaban en zonas cercanas a los lugares sagrados.

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