¿Estamos solos?

14 de marzo 2026 - 03:08

Orgullosamente solos era el título de un manifiesto que publicó Roberto Conesa, en las postrimerías del franquismo. Conesa fue un destacado miembro dirigente de la siniestra Brigada Político-Social que tantas torturas y represiones ejerció contra los ciudadanos españoles durante el franquismo, e incluso en los primeros años después de la muerte del dictador. El titular evidenciaba que la mayoría de los españoles estaban en contra del Régimen, incluidos muchos franquistas que se estaban distanciando –por convicción o por cálculo- de la moribunda dictadura.

Cambiando de circunstancias -y de ideología por supuesto- nosotros también empezamos a sentirnos orgullosamente solos. Sin hablar del resto del mundo, que daría para ocho o diez artículos como este, en nuestra propia Europa también comenzamos a sentirnos huérfanos. Empezando por la vergonzosa sumisión de Ursula von der Leyen a Trump, inaugurada oficialmente en un campo de golf escocés propiedad del magnate. Siguiendo con Mark Rutte, actual jefe de la OTAN, hombre-alfombra del presidente USA; o con el infiltrado de Putin, el húngaro Orban y un largo etcétera. Terminando (porque la columna tiene el espacio que tiene) con la extrema derecha y la derecha extrema de nuestro querido país. No sabemos qué va a ser de nosotros.

Nos encontramos más desconcertados aun porque éramos europeístas mucho antes de que se pudiera pensar en que España entrara en lo que se llamaba entonces Comunidad Económica Europea. Hasta buscábamos pegatinas de la bandera europea para ponerla en el coche en lugar de las que se llevaban entonces “Almería madre de la vida padre” o “Soy español, casi ná”. Frase esta última que no podía ser más verdad entonces; nada que ver con lo que España es hoy: una España que, según las encuestas, sigue siendo bastante europeísta. En el resto de Europa también parece que tenemos buen cartel. Además de que nos elogian la marcha de la economía, hay mucha gente en todo el mundo, especialmente en algunos países como Italia, Irlanda, Noruega, Turquía, Japón o los propios EE.UU, que elogian nuestra postura oficial en los actuales conflictos, tanto en las guerras como en el “nuevo orden” mundial. A pesar de esos datos positivos, la sensación es que somos pocos, que estamos más bien solos ante el despelote universal. Será por pesimismo o por canguelo, pero nos invade la sensación de soledad. Eso sí, orgullosos. Orgullosamente solos.

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