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La traición de Messala

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02 de abril 2026 - 03:10

Siempre he creído en el pasado de mi pueblo y creo en su futuro”. El príncipe Judá Ben-Hur se lo dice a Messala, cuando su amigo de la infancia regresa a Jerusalem desde Roma como tribuno del nuevo gobernador de Judea. Durante la conversación Judá se da cuenta del cambio que ha experimentado Messala. Sus prioridades van de la mano de su entendimiento del poder y la política. Su particular visión del mundo. Ha regresado con un plan y un papel, no deseado por Judá, en sus ambiciones. Para ello recurrirá a la instrumentalización de su amistad. “Es una locura este mundo. Pero aún queda en él algo cuerdo: la lealtad de los viejos amigos…Judá, debemos creer el uno en el otro. ¿Brindas por ello?” Judá no se somete y trata de razonar con Messala sin éxito. Se resquebraja la amistad. Esa grieta unida al nefasto azar de una teja suelta en el tejado de la casa de la familia Ben-Hur al paso de la comitiva del gobernador romano; desencadena la tragedia. En casa cada Jueves Santo vemos Ben-Hur (1959) con los imponentes Charlton Heston y Stephen Boyd. Dirigida por William Wyler, es la segunda adaptación como largometraje de la novela del norteamericano Lewis Wallace, publicada el 12 de noviembre 1880, Ben-Hur. Una historia de Cristo. Pionero fue un cortometraje estrenado en 1907, dirigido por Sidney Olcott y Frank O. Rose. Herman Rottger interpreta a Judá y William S. Hart a Messala. Después llegó el primer filme, mudo y en un espectacular blanco y negro, que se estrenó en 1925. Una película magnifica protagonizada por el actor mexicano Ramón Novarro y Francis X. Bushman. Si tienen oportunidad de verla no se la pierdan. En cuanto a la versión de 2016, pienso que desmerece ampliamente a sus predecesoras. En la historia del cine ocupan lugar de honor tanto la versión de 1925 como la de 1959. Legendarias las escenas de la carrera de cuadrigas y las escenas de los galeotes. Aldebarán, Antares, Altair y Rigel, hermosos caballos con nombres de estrellas. Los encuentros entre Jesús y Judá guardan una fuerza y realidad poética incomparables. “Cuando los romanos me llevaban a galeras estuve a punto de morir de sed. Pero un hombre me dio beber agua y volví a la vida”. En el Vía Crucis será Judá quien socorra, de agua a Jesús. Le escuchara en el Calvario, en la cruz, sus palabras de dolor, amor y perdón. “Y su voz arranco de mi mano la espada de mis venganzas”.

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