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La ciudad que dejamos

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07.04.2026

07 de abril 2026 - 03:07

Antes de que Canary Wharf existiera, los Docklands eran un paisaje congelado en el tiempo: grúas inmóviles, muelles vacíos, un silencio industrial que parecía definitivo. Cuesta reconciliar esa imagen con el centro financiero en el que se ha convertido.

No fue casualidad que Margaret Thatcher pusiera el foco en aquella zona olvidada. Su decisión fue discutida y no estuvo exenta de sombras, pero su intuición acertó. Su estrategia fue crear las condiciones adecuadas para atraer la inversión. Y la clave era la conexión con la ciudad y la mejora de la red de transporte; sin comunicaciones, jamás podría haberse desarrollado el proyecto. Por ello, el primer gesto fue la creación del Docklands Light Railway, que conectó lo que hasta entonces permanecía al margen. No era solo una infraestructura, era una declaración de intenciones.

Los Docklands dejaron de ser periferia para convertirse en destino. Después vinieron oficinas, arquitectura y capital. Pero antes fue el trayecto. Otras ciudades entendieron esa lógica. Bilbao lo hizo desde la cultura con el Museo Guggenheim, pero también desde la conexión y la accesibilidad. No basta con construir; importa cómo se llega.

En Almería, el problema sigue siendo el viaje. A un turista le lleva dos horas y media volar desde Londres y casi lo mismo llegar en transporte público desde el aeropuerto hasta su hotel en Roquetas de Mar. Los roqueteros tardamos casi una hora en recorrer veinte kilómetros de trayecto a la capital, en autobuses llenos, colas interminables y un sistema de venta manual de billetes que ralentiza el proceso. Los horarios no siempre se cumplen y a veces hay que esperar al siguiente porque está lleno. Las conexiones entre pueblos son poco frecuentes, pasan por la capital y siempre por carretera. No hay red de cercanías y el AVE, anunciado hace dos décadas, sigue sin llegar.

No es una cuestión de distancia, sino de estructura. Almería es una provincia que depende del coche. Incluso en un contexto de incertidumbre energética, en el que se llama a reducir el consumo, el transporte público sigue sin ser una alternativa real. El problema no es solo llegar a Almería, un punto casi olvidado de la geografía, sino también la conexión interna de su territorio.

En el siglo XXI seguimos siendo una provincia de playas paradisíacas, pero con trayectos de siete horas a Madrid.

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