Viento del sur |
08 de abril 2026 - 03:07
El camino desde Los Albaricoques al Cortijo del Fraile ahora es de hormigón duro y con un grosor de unos quince centímetros o más, posiblemente más. Es la autovía alemana que atraviesa el Parque Natural, es la capa dura, la costra, el caparazón tan duro como la piel de los políticos, imposible de atravesar por los arpones de sus adversarios, que salen a la caza, unos de los otros, a diario, en ese paleolítico de supervivencia permanente entre las distintas tribus.
Entre Los Al-baricoques y el Cortijo del Fraile hay unos 5 km que se recorren en una hora aproximadamente, andando, sobre el duro hormigón que tiene huellas de pisadas de perros, huellas de bicicletas y coches que no pudieron esperar a que el hormi-gón endureciera y todavía fresco, dejaron su impronta. Hay un bar con terraza a la llegada al núcleo que está presto al servirte el café de comienzo y el refresco, y hasta la comida de vuelta. La ida es calurosa y sembrada de antiguos aljibes, algunos restaurados, otros en ruinas y de los que queda la frágil bóveda de piedra, una entrada como una boca con escalones y un foso repleto de escombros, latas de cerveza vacías y cientos de restos antrópicos, es decir, basura.
Las flores sil-vestres en abril llenan las cunetas pequeñas del camino; quisiera conocer todos sus nombres pero sólo reconozco las margaritas, pero las hay amarillas, blancas y violetas. Al final del camino hay un trozo que ya es el original de tierra y uno espera encontrar todo el camino así, pero con ignoto objetivo aplasta el valle el duro gris pavimentado y liso. Al llegar al Cortijo del Fraile, su romántica es-tampa está rodeada de carteles, cámaras de seguridad y una valla que podría pa-recer de espinos y electrificada, de lejos parece un campo de concentración y de cerca una atracción turística hiperprotegida.
Hace años estaba ya igual por den-tro, con su pintoresca y poética ruina accesible a todo el mundo y ahora es un bien de interés cultural propiedad pública, vallado y fuertemente protegido, con exactamente la misma pintoresca y poética ruina dentro. Realizado el primer plan, vallar y empalizar el perímetro, con guardianes dispositivos y amenazantes carteles, el segundo plan relativo al bien capturado, es decir, rehabilitarlo, puede durar generaciones y al final como al final es todo, será un centro de interpreta-ción de si mismo, simple, resumido y duro como el camino que lo precede.
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