Ferias y libros |
22 de abril 2026 - 03:07
Estamos todos muy contentos con lo de las ferias de los libros. Hemos ido. Hemos firmado. Hemos vendido. Hemos salido en sitios y carteles. Hasta hemos tomado café, cerveza y aquarius. Se han quedado agusto haciendo coincidir la feria del libro de El Ejido y la de Almería en un curioso ejercicio de hacer una extraña competencia como para ser el más libro. Más libro, más fotos, más yo autor mejor, más he traído a no se quién, más yo yo yo, más mi libro mi libro mi libro. Incluso he oído extraños rechazos a editoriales de Almería en Almería y luego en la misma feria quedarse casetas vacías. El difícil protocolo de la compleja relación administración-administrado en los severos pasillos de las concejalías y despachos con representación pública de ediles, funcionarios y gris abolengo de corbata y chaquetilla a juego en los días primaverales de abril caluroso y libresco que hace que los pequeños absurdos sean justificables. Todo es justificable administrativa y públicamente hablando. A los autores de pro todo esto les da lo mismo inmersos hasta la médula en su obra, su ego, su fama y su gloria. Ven pronto el pedestal ya egregio y erecto. Yo he estado, siendo la primera vez en mi vida, en la caseta de Yeray en la feria del libro de El Ejido. Dentro de la caseta, no fuera. Con mis libros postrados ante mí, y con los de mi compañero, Fernando Labordeta. Ajeno a toda miseria terrenal hemos charlado de cosas mientras pasaban raudas las dos horas sin asiento. Yo me imaginaba dos sillas o butacones dentro de la caseta y Fernando y yo repantingados como filósofos hablando entre nosotros, y con los de la editorial, Encarni y Juanjo, viendo indolentes la gente pasar. Pero no, al autor se le exige acción y reacción. Y sin saber por qué abordé a los que miraban mi libro, les expliqué cosas y al final hasta lo compraron. Quizás fue algo clave que viese entre la gente a una compañera de clase del instituto y habláramos de cosas que han pasado hace solo 40 años. Y que le dijese que sí, escribo, y estoy aquí con esta gente tan maja, y al final también comprase el libro y creo que le leí algo. En realidad la literatura y afinando, la poesía, es solo tener pájaros en la cabeza con 18 años, que lo sepa una compañera de instituto y 40 años después que compruebe que no se han ido, ver tu reciente libro y comprarlo. Y firmárselo. Siendo el resto sólo vanidades de poetas y escritores.
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