VENEZUELA, columna de Martín Santiváñez

Un país no se destruye de la noche a la mañana. Un país tarda generaciones en caer. La decadencia es un proceso, no un instante. Y cuando se presenta como instante, es que el proceso ha sido largo, sinuoso, acaso errático, pero a la vez constante, furiosamente destructor. La caída de la democracia en Venezuela fue el resultado de una partitocracia profundamente corrupta y ausentista. Una caída gestada por una plutocracia........

© Diario Correo