LAS CONSECUENCIAS DE DIFAMAR, columna de María Isabel León
En tiempos donde la indignación se fabrica y la sospecha se viraliza en segundos, hay quienes se arriesgan —o más bien se aventuran, sin pudor— a denunciar públicamente a personas honorables sin una sola prueba que sostenga sus palabras o dichos. No lo hacen por justicia, sino por vendetta de frustración. No buscan la verdad, sino la destrucción. Y en ese gesto revelan más de sí mismos que de aquellos a quienes intentan manchar.
La difamación agravada no es un tecnicismo penal: es el recordatorio de que la palabra, cuando se usa para........
