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Limpiar, fijar, dar esplendor al insulto

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18.03.2019

Antes, durante y después de las varias próximas elecciones, se avecina un diluvio de insultos en mítines, debates, manifestaciones, pancartas, pintadas, parlamentos, medios de comunicación, redes sociales y tabernas. Consustancial al ser humano, el insulto es el resultado y el fracaso de la falta de argumentos, de recursos retóricos, de ingenio y de inteligencia. Así lo estudió y estableció el filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860) en su tratado El arte de tener siempre la razón.

Padre intelectual del pesimismo como método analítico que casi siempre acierta, legó como ejemplo un listado de groserías, insolencias e improperios agrupadas en la deliciosa antología El arte de insultar. Sostenía el pensador alemán que el insulto forma parte de la propia miseria humana. Y la atribuía a la insatisfacción con los gobiernos, las leyes, las instituciones, la farsa y los farsantes de la política, sin olvidar a los demagogos que aprovechan todo momento de cambio, de crisis, incierto, confuso o convulso. Más o menos como ahora, aproximadamente.

Habría que exigir a las personalidades públicas que juren o prometan elevar el nivel cultural

Para........

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