Más allá de la geopolítica |
Creado: 06.03.2026 | 05:00
Actualizado: 06.03.2026 | 05:00
Gran parte del foco mediático en la guerra que EEUU e Israel han lanzado contra Irán está en el equilibrio de poderes entre las grandes potencias mundiales. Y es normal. Las ondas expansivas que provocan las bombas que caen sobre Teherán y las otras capitales del Golfo Pérsico terminarán llegando a nuestra propia orilla. Las consecuencias económicas de la subida del petróleo y del gas, las repercusiones de esta sobre el comercio internacional, así como las posiciones políticas de nuestros líderes, tanto nacionales como europeos, en un tablero internacional que se rige por la fuerza y no por la paz, tendrán un impacto directo en nuestras vidas.
Pero, mientras intentamos entender el alcance de todos estos factores, «las ventanas se rompen y el suelo tiembla si vives cerca de los lugares dónde caen las bombas», me explicaba un iraní que forma parte de los cientos de miles que abandonaron el país. «Parte de mi familia está en Teherán todavía y viven en un estado de terror constante». La diáspora iraní disfrutó de un breve momento de alegría al comprobar que el sanguinario dictador Alí Jamenei había muerto bajo las bombas. Cuarenta y siete años de régimen de los ayatolás, treinta y siete desde que Alí Jamenei se hiciera con las riendas del poder tras la muerte del ayatolá Jomeini. «La gente no es consciente del impacto que este régimen ha tenido en nuestras vidas», me explicaba esta persona, que me ha pedido permanecer en el anonimato ya que podría poner en riesgo su vida a la de su familia. «Tenía que desaprender en casa lo que me enseñaban en la escuela. Recuerdo una vez, cuando llegué a casa del colegio, le dije a mi madre que una persona podría ir al infierno si miraba el pelo de una mujer. Mi madre me tuvo que explicar que no, que nadie iba ir al infierno por eso».
La diáspora iraní disfrutó de un breve momento de alegría con la muerte del dictador Jamenei
La diáspora vive con miedo por el presente y con angustia por el futuro del país. Por ahora, la preocupación más inmediata es la propia supervivencia de los más queridos que continúan en Irán. «El régimen ha bloqueado internet, por lo que no puedo comunicarme con mi familia». El problema es la incertidumbre. «Tampoco sé cuándo podré volver a hablar con ellos». Muchos de los disidentes buscan apoyo emocional entre aquellos que forman parte del gran éxodo de iraníes que se han ido repartiendo por todo el mundo y que continúan conectados a través de canales de WhatsApp y otras redes.
Hay tanta incertidumbre que el futuro genera ansiedad. «No nos queremos convertir en una Venezuela», me contaba. Uno de los peores escenarios es que Trump mantenga el actual régimen siempre y cuando esté sometido a los intereses estadounidenses. Destruir todo para no cambiar nada. El propio Trump aseguraba que tenía ya a varios candidatos para dar ese paso pero que habían muerto en los primeros bombardeos. Tampoco se descarta en este momento, según esta persona, una guerra civil, es decir, «que la violencia llegue al suelo en vez de caer del cielo». «No quiero un país dividido», me explicaba ante las noticias de que la CIA podría estar armando a las milicias de Kurdos iraníes.
Uno de los peores escenarios es que Trump mantenga el actual régimen sometido a EEUU
El mejor de los escenarios, sin duda, sería convocar unas elecciones democráticas una vez extirpado el régimen de los ayatolás. El hijo del Shah, el rey de Irán cuya dinastía fue expulsada por el fundamentalismo islámico, ya se ha propuesto para liderar la transición y devolver el poder a la ciudadanía. «Además», me explicaba esta persona iraní, «tenemos el talento y la formación tanto en la diáspora como dentro del propio país para reconstruir Irán». Gran parte de este talento interno está entre rejas en la Prisión de Evin, donde el régimen ha ido encarcelando a periodistas, intelectuales, políticos, científicos o escritores. Es decir, todo aquél individuo crítico con los ayatolás.
Cuando el humo se disipe y la cenizas se asienten, veremos el drama humano que esta guerra se ha cobrado en un país que ha vivido subyugado al terror durante casi medio siglo. Cuando eso suceda, solo espero que esté en las manos de los propios iraníes levantarse de nuevo y poner los cimientos de un país libre y en un contexto de paz, más allá de los intereses geopolíticos de populistas y fanáticos con ínfulas imperialistas.