El barco fantasma y el gato encerrado

El derrame de petróleo empezó antes del 13 de febrero y un mes y medio después el gobierno no ha podido explicarlo ni solucionarlo.

¿Se acuerdan del buque con petróleo que salió de Veracruz con supuesto destino a La Habana?

El barco no llegó nunca a Cuba, pese a que -si ese fuera su destino real- habría arribado a la isla antes del bloqueo a ventas de crudo impuesto por el presidente de Estados Unidos.

Después de desviar su ruta original se le pudo geolocalizar en el Atlántico Norte, entre Dinamarca y Países Bajos, donde está el mercado de compraventa de excedentes petroleros con entrega inmediata: el puerto de Rotterdam.

En cuanto al derrame en el Golfo, minimizado por la secretaria de Medio Ambiente y por la gobernadora de Veracruz, el 19 de febrero ya cubría de chapopote alrededor de 300 kilómetros cuadrados.

Seis días antes, el 13 de febrero, habían llegado al derrame embarcaciones para dispersar la mancha.

El 23 de marzo la presidenta Sheinbaum dijo que las causas eran fugas naturales de chapopote y, más contundente aún: 

“Lo provocó un barco de una empresa que tuvo este derrame y que Pemex está ayudando a limpiar”.

Hasta hoy no se ha informado qué barco provocó el derrame ni de qué empresa es.

Y lo que eran “gotitas” es una capa de chapopote que se extiende a cientos de miles de kilómetros cuadrados y afecta a pescadores, playas y fauna marina.

Buques fantasma se les llama, en la jerga del mar, a barcos con bandera a conveniencia que navegan con sistemas de identificación apagados (AIS).

Por lo general transfieren el crudo fuera de aguas territoriales a buques con todo en regla, y así se oculta el origen de la carga.

El robo de petróleo es lo que puede estar bajo la mancha de mentiras.

Contradicciones y ocultamiento de información de los que iban a rescatar la soberanía energética de México.


© Detona