Claro Rubio

El sábado pasado, en la conferencia de seguridad de Munich, Marco Rubio pronunció un gran discurso.

Creo que debe ponerse en el mismo nivel del que Mark Carney, primer ministro canadiense, dictó en Davos, no tienen mucho en común, más allá de la calidad, pero son dos posiciones que reflejan la situación en que se encuentra el mundo, y deben ser considerados.

Rubio insistió en la alianza fundamental entre Estados Unidos y Europa, haciendo varias referencias a la herencia común, que además asoció al cristianismo. 

Sostuvo que fue esa alianza la que recuperó la libertad para Europa frente al comunismo soviético, que ejemplificó con la caída del Muro de Berlín.

 Sin embargo, dijo, a partir de ese momento hubo un exceso de confianza en el “fin de la historia”, que traería un mundo de naciones liberales unidas por el comercio. 

En lugar de ello, sostuvo Rubio, la visión dogmática del libre comercio permitió a otros países abusar, sin abrir ellos sus fronteras y vendiendo por debajo del costo, dando como resultado la desindustrialización de Occidente, es decir, Europa y Estados Unidos. 

No sólo eso, Europa dejó de invertir en defensa para dedicar los recursos al Estado de bienestar, ha aplicado políticas energéticas que empobrecen a los países por seguir un “culto climático”, y se ha puesto en riesgo por la “migración masiva”.

Es decir, el discurso plantea cuatro dimensiones en las que Occidente estaría siguiendo un camino equivocado, poniendo en riesgo una cultura o civilización que lo define. 

Este planteamiento es una versión razonable de las ideas que JD Vance lanzó hace unos meses también en Europa, con lo que Rubio le cumple a su base de poder, es decir, Trump, mientras que reduce, al menos en parte, las fricciones que éste ha causado con Europa. 

Por lo mismo, ha sido fuertemente criticado por la otra tribu, que lo acusa de colonialista, nativista, defensor de la ultraderecha.

Las cuatro dimensiones existen, no debe haber duda. 

Efectivamente cometieron un error al invitar a China a la OMC, especialmente Estados Unidos, sin duda Europa se ha debilitado y se la come un Estado de bienestar insostenible. 

Las otras dos dimensiones son exageraciones por parte de Rubio, pero no son totalmente falsas, los errores de política energética y los excesos en migración existen.

Con respecto a la herencia común del cristianismo, tampoco debería haber duda. 

Sin embargo, lo que hizo a Occidente exitoso a partir del siglo XVI fue su capacidad de llevar a la religión dentro de las casas y fuera del poder. 

Si bien las bases de lo que pudiéramos llamar “cultura occidental” son sin duda cristianas, ha sido su limitación mediante los derechos humanos, el Estado de derecho, la democracia y el libre mercado lo que transformó a un continente miserable en el líder global de los últimos cuatro siglos.

Rubio propuso:

una alianza para defender a nuestra gente, salvaguardar nuestros intereses y preservar la libertad de acción que nos permita definir nuestro propio destino.una alianza que no permita que el poder esté limitado, subordinado o subcontratado a sistemas fuera de control, que no dependa de otros para las necesidades críticas, que no mantenga la cortés pretensión de que nuestra forma de vida es sólo una más, y que pida permiso antes de actuar.

Un discurso claramente conservador, sin el simplismo MAGA, pero dejando la puerta abierta a ese sector. 

La exposición más civilizada de la dirección en que se mueve la actual administración estadounidense, que sin embargo está en manos de un corrupto narcisista.

Europa no debería descalificarlo por completo, y claramente tampoco aceptarlo sin miramientos. 

Nosotros, como herederos de esa misma tradición, pero no tanto de la que trajo el éxito a Europa, tenemos que leerlo diferente.

Pero debemos hacerlo.


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