El aire que enferma a Nuevo León
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Cambian los gobiernos, aparecen nuevos programas y se anuncian medidas que, según se nos dice, ahora sí resolverán el problema.
Sin embargo, seguimos respirando un aire que enferma y que, en los casos más graves, puede contribuir al fallecimiento.
No necesitamos ser especialistas para darnos cuenta.
Basta mirar el cielo gris, observar cómo desaparecen las montañas detrás de una capa de contaminación o pasar un dedo sobre cualquier automóvil para encontrarlo cubierto de polvo.
Lo verdaderamente preocupante es aquello que no vemos, las partículas que entran a nuestros pulmones y afectan diariamente nuestra salud.
Mientras las autoridades discuten quién contamina más, miles de familias enfrentan alergias, irritación en los ojos, crisis de asma, enfermedades respiratorias y problemas cardiovasculares.
Los más vulnerables son los niños, los adultos mayores y quienes ya viven con algún padecimiento.
Para ellos, un día con mala calidad del aire no es una estadística, puede convertirse en una visita al médico, una hospitalización o una complicación grave.
¿Entonces por qué no se compone la contaminación?
Porque durante años hemos escuchado más explicaciones que resultados.
Cuando el aire empeora, se culpa a las pedreras, a las industrias, a los automóviles, a la construcción, a los incendios, a la falta de lluvia o a la Refinería de Cadereyta.
Seguramente todos tienen una parte de responsabilidad, pero esa larga lista ha servido también para que ninguna autoridad asuma completamente la suya.
El Gobierno federal señala que........