La parábola del carruaje
Integrados como un todo, mi carruaje, los caballos, el cochero y yo (como me enseñaron a llamarle al pasajero), recorrimos con cierto trabajo el primer tramo del camino.
A medida que avanzaba cambiaba el entorno: por momentos árido y desolador, por momentos florido y reconfortante.
Cambiaban las condiciones climáticas y el grado de dificultad del sendero: a veces suave y llano, otras áspero y empinado, otras resbaladizo y en pendiente.
El piolet que salva vidas. Santiago Garza Maldonado........
