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El reino de nunca jamás del "tiempo y forma"

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Este escrito es el acta de nacimiento de esa guerra entre figuras que, aunque parecen odiarse, se alimentan mutuamente de la misma desconexión con la realidad.

En la arena tenemos la siguiente distribución: 

En los palcos están los funcionarios del partido en el gobiernoen las primeras filas, los voceros por encargo y pago que son los pachiches turiferariosy en las últimas gradas, los espectadores. 

Mientras tanto, en el cuadrilátero, en la esquina del lado derecho, tenemos al Gobernante del "Fosfo-Forma".

Un líder que no gobierna una entidad federativa, sino un feed de Instagram de veinticuatro horas.

Para él.

Nuevo León no es un territorio con baches, sed y aguas negras por doquier, ni con esperas de hasta dos horas para tomar un camión en medio de una vialidad desastrosa, para él, el estado es un render del año 2030 que ya está listo en su cabeza. 

Su lema, "En Tiempo y Forma", se ha convertido en la mayor obra de ciencia ficción del milenio: 

Un mantra que repite mientras las líneas del Metro 4, 5 y 6 parecen avanzar a la velocidad de un caracol con flojera. 
 

El Gobernador el no ve retrasos, ve "ventanas de oportunidad", no ve promesas incumplidas, ve "grandes anuncios" que la política y prensa "vieja" no alcanza a procesar.

Este gobernante fosfo fosfo e iluminado se dice un hombre de acción.

Si por acción entendemos inaugurar tres veces la misma rotonda o pavimento, además, confunde el presupuesto estatal con su cuenta de gastos personales. 

Su mayor virtud es una ignorancia blindada al titanio: 

No lee informes porque "le quitan frescura" y cree que la economía es un animal salvaje que se conquista con viajes frecuentes a Corea, Japón, Europa y, desde luego, Nueva York con todo y botarga.


© Detona