Karime sí merece entonces la ridiculización
En la de ayer, por ejemplo.
Puede entenderse su molestia ante el golpe político que supuso para México el asilo concedido por el gobierno del Reino Unido a Karime Macías, exesposa del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte.
Lo que resulta difícil de comprender, tratándose de la jefa del Estado mexicano, es la expresión: “¿Cómo es posible que se lo hayan dado si está acusada por fraude y corrupción?”.
Un buen consejero le habría dicho que, precisamente, el gobierno inglés resolvió preservar a Karime de una actuación arbitraria por parte de la autoridad mexicana, que buscaba castigarla mediante procedimientos viciados.
Eso determinó.
¿Qué incentivo tendrían los ingleses para protegerla de no haber hallado fallas jurídicas graves?
El asilo no fue un gesto caprichoso.
Al concederlo, la consideraron implícitamente una perseguida.
México enviará una carta de extrañamiento y el episodio quedará ahí. Caso cerrado.
¿Qué necesidad había entonces de ridiculizarla ayer en Palacio Nacional con la recuperación del cuaderno donde escribió la frase “sí merezco la abundancia”?
Más allá de juicios morales o políticos, Karime es una mujer que, con todo en contra, litigó y ganó en tribunales extranjeros.
Quizá merecía un poco de mesura y respeto institucional.
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