La bendición de las semillas
Seguimos mostrando nuestro “poder” sobre ellos y creyendo que no pueden tener iniciativas inteligentes, que solo son elementos de folclore porque así se nos fueron presentados desde que en tiempos del expresidente Lázaro Cárdenas se etiquetaron en un “cajón” oficial.
Pero cuando atestiguamos la profundidad de sus tradiciones centenarias, salpicadas de pronto con elementos de calzado o de aparatos “inteligentes” de comunicación; pero nunca vencidos ni desdoblados; entendemos que permanece el espíritu poderoso del origen, de lo prístino, de lo genuino.
El domingo 22 de marzo de la semana pasada desde muy temprano salí de la ciudad de Chihuahua hacia Guachochi, municipalidad que alberga a la mayor parte de las comunidades rarámuri de la Sierra Tarahumara.
Me apoyó en el traslado un respetable conocedor de los temas alimentarios y de procesos sociales de las poblaciones deprimidas de la zona.
Juan Paulo Romero Reynaga es un profesional oriundo de Jalisco pero que decidió invertir su vida en esta sierra desde que llegó a colaborar en las labores jesuitas.
Juan Paulo contiene conocimiento y experiencia, nada menos pronto escribirá una hoja de ruta de lo que ha sido la confluencia del mestizo con el rarámuri, desde Anita García Narro que llegó a la sierra en 1949 y murió allí luego de un gran trabajo social en 1986; de los tiempos del Obispo de la Tarahumara José Alberto Llaguno Farías (1975-1992), regiomontano de cepa, religioso beligerante de la teología de la liberación y mal llamado “rojo” que puso en valor esa profundidad de la que les comparto, existe en la cultura de los hombres y mujeres que huellan el mundo.
Romero Reynaga ha sido asesor las últimas tres décadas de la causa rarámuri participando en programas internacionales como el de la FAO y ha visto crecer en su liderazgo impoluto a María Luisa Bustillos Gardea, a mi parecer, una de las líderes indígenas más fecundas y plenas de América Latina, y que ha cumplido con la función de gobernadora tradicional de Ciénega de Norogachi, desde el 2017.
Justamente desde entonces se le volvió a dar valor a una ceremonia a la que acudí el ya citado 22 de marzo en lo que lo que es sublime se apareja con lo ancestral.
