Este niño tiene la solitaria |
De pequeño yo era un tirillas. Sigo siéndolo, en realidad, pero ahora he hiperdesarrollado mis abdominales. Y lo mío me ha costado, repitiendo cada noche varias series cortas pero intensas de sprints entre el sofá y el frigorífico.
-¡Este niño tiene la solitaria! -recuerdo que solían decirme mis tías, pues a pesar de mi delgadez comía como una lima.
Me lo repetían tan a menudo que acabé por creérmelo. Dentro de mí tenía una tenia voraz, a la cual yo imaginaba como una especie de anaconda que se había acomodado a lo largo de mi tracto intestinal y que tan pronto como cualquier bocado caía en mi estómago sacaba la cabeza por el píloro y, ¡zas!, me lo arrebataba. Aquello, lógicamente, me........