El difícil arte de rectificar
Rectificar es de sabios. Quizá así se entienda más fácil el sonoro resbalón de Isabel Díaz Ayuso al tratar de sacudirse torpemente la estrambótica compraventa de un majestuoso ático en el corazón de Madrid. Son ese tipo de errores que te dejan marcado, aunque dispongas de solícitas terminales mediáticas dispuestas a mitigar el estropicio. Bien lo sabe Sánchez, presto a sofocar la comprensible indignación ciudadana que supone la entrada avasalladora en Ceuta de incontables inmigrantes, a quienes en Marruecos, su país de origen, asocian con víctimas de una mafia que sigue campando a sus anchas desde hace demasiados años. No es esperable que esta dictadura africana admita la cruda realidad de semejante mercadeo humano: siempre abre la verja para quitarse problemas de encima o, simplemente, chantajear. La respuesta de la devolución se antojaba inevitable.
Venía Sánchez de detallar ufano el exitoso balance de medio año del “Gobierno de la gente” (sic), cuando se encontró con el regalo de Ayuso. Bien es verdad que había defendido con unos grados menos de ardor al comisionista Zapatero antes de que el juez rectificara para........
